Normalidad

Del creador de frases como “España es un país que necesita… cosas” o “Y la segunda ya tal…”, nuestro locuaz presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hemos tenido que oír machaconamente las alabanzas a “la normalidad” con que se ha llevado a cabo el relevo en la Corona española. Al igual que la sacrosanta Transición, la Sucesión –también con mayúscula- se postula ya para convertirse en modelo a seguir y estudiar internacionalmente, a la vista de que en otros países europeos con monarquía constitucional debieron equivocarse al hacer sus procesos de manera diferente, es decir, fuera de la “normalidad”.

Lo “normal” es que un Rey al que, según su esposa, “sólo debe jubilarle la muerte” abdique un lunes, a la hora del desayuno, y después de unas elecciones que no han tenido nada de normal. Unos comicios en los que los dos principales partidos del sistema por primera vez son incapaces de representar juntos a la mitad de los votantes, Podemos da la campanada y se postula como tercera fuerza para el Congreso.

Entra dentro de “la normalidad” que el Gobierno, para que el Rey pueda abdicar, tenga que aprobar a toda prisa una Ley Orgánica que lleva 40 años esperando. Y que el Senado incumpla su propio reglamento para aprobar el texto, antes de que nos echen del Mundial de Fútbol, no es sino otra prueba de la fortaleza de las instituciones de este país.

Porque forma parte de “la normalidad” que el partido que gobierna imponga un trámite exprés para aforar al rey saliente y que continúe estando blindado ante la Justicia. Es perfectamente “normal” que una persona que ya no ostenta la Jefatura del Estado siga siendo diferente a los demás y sus cuitas públicas o privadas sólo puedan ser juzgadas por el Tribunal Supremo. Y como, según Rajoy, “es muy difícil discutir este asunto”, mejor meterlo de tapadillo en una ley sobre los días libres de los jueces, que no se pueda debatir y que lo apruebe sólo el PP.

Ejemplo de normalidad es que a la proclamación del Jefe de Estado de todos los españoles no asistan los cerca de 40 parlamentarios representantes de siete partidos. O que los presidentes de dos comunidades históricas como Cataluña y Euskadi acudan para hacer patente su desaprobación al discurso de Felipe VI.

Al menos ellos tuvieron la oportunidad de ejercer su libertad de expresión, no como los madrileños a los que, bajo la atenta mirada de 120 francotiradores, se les impidió enarbolar banderas, chapas o camisetas republicanas. Porque, en toda democracia avanzada que se precie de serlo, es habitual que la policía llame a la puerta de tu domicilio para amenazarte por los símbolos que cuelgan de tu balcón.

¡Ah, la normalidad!

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2 comentarios to “Normalidad”

  1. jjcanko Says:

    Todavía queda mucho botín por robar, estimado Sr. Paradinas.., según http://www.transparency.org/cpi2013/results#myAnchor1 , estamos en la zona la alta de transparencia y clara sinceridad..

    “Pa” habernos “matao”.. (permítame la ironia coloquial..)

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