Un país a medias

Presa de El Gasco en el Canal de Guadarrama. M.P.

Presa de El Gasco en el Canal de Guadarrama. M.P.

En Almería hay enterrados 500 millones de euros. No se trata de un tesoro pirata, sino del túnel del barranco de los Gafarillos, una infraestructura que iba a formar parte del AVE entre la provincia andaluza y Murcia. En un país que tradicionalmente no se ha llevado bien con el ferrocarril, ésta iba a ser la primera conexión por tren entre las dos provincias; y dicho túnel podía presumir del más largo de Andalucía. Pero el Ministerio de Fomento ha decidido tapiar sus entradas, ante la paralización de un proyecto en el que ya se habían gastado 500 de los 2.500 millones que debía costar toda la conexión.

En un país que tiene aeropuertos sin aviones, autopistas de peaje sin coches e instalaciones olímpicas sin olimpiadas, es fácil averiguar qué futuro le espera al AVE Almería-Murcia y al túnel de los Gafarillos. Pero, por si a alguien le consuela, esta manía de dejar las cosas a medias no viene de ahora, sino que forma parte de nuestra historia tanto como la tortilla de patatas. Aquí va un repaso de las infraestructuras más locuelas que quedaron en el aire.

Canal de Guadarrama
¿Se imagina montar en la estación madrileña de Príncipe Pío en un barco con destino Sevilla? Esta es la idea que se le ocurrió en 1785 a un francés llamado Carlos Lemaur y que consiguió vender al Banco de San Carlos, germen del actual Banco de España. La idea era construir un canal que empezase en el río Guadarrama, pasase por la capital y, a través de La Mancha y Sierra Morena, llegase al Guadalquivir. Casi nada.

De la faraónica empresa sólo se construyó la primera fase: la presa del Gasco, que debía recoger las aguas del Guadarrama entre Las Rozas y Torrelodones y fue proyectada como la más alta del mundo. En 1789, parte de la construcción se derrumbó por una tormenta, aunque historiadores como Teresa Sánchez Lázaro apuntan a un proyecto chapucero.

¿Qué queda? Pues un interesante paseo en plena naturaleza a 20 kilómetros de Madrid, en el que se puede visitar las ruinosas esclusas del canal y subir a la cima de la presa.

La entrada al túnel de la Engaña en la parte de Burgos. WIKIPEDIA

La entrada al túnel de la Engaña en la parte de Burgos. WIKIPEDIA

Túnel de la Engaña
El nombre se lo debe al río Engaña, pero desde luego le viene que ni pintado porque este túnel es la guinda de un gran engaño: el ferrocarril Santander-Mediterráneo.  Esta vez, la moto nos la vendió, allá por 1925, un especulador inglés, William Solms, al que ya habían echado de Francia por sus estafas, pero que aquí contaba con el cariño de la familia real. Su idea era unir los puertos de Santander y Valencia con el tren y, en una jugada muy española, se le adjudicó la subvención a dedo de manera indirecta. 350 millones de pesetas, que venía a ser casi un kilo por kilómetro de vía, más del doble de lo que se gastaba en la época.

Solms prometió que acabaría en cinco años como mucho. Así que 26 años después, en 1951, se empezó a construir el túnel que debía salvar la Cordillera Cantábrica y unir Burgos con Santander. Gracias a la mano de obra de los presos republicanos, que morían como ratas entre derrumbamientos y voladuras de dinamita, ocho años después se terminaron sus 7 kilómetros, que le convertían en el mayor túnel de España. Nunca llegó a utilizarse.

¿Qué queda? Un agujero en la montaña que te traslada de Castilla a Cantabria y, en cada extremo, los pueblos abandonados que habitaron los obreros. Cuando las grandes nevadas bloqueaban el puerto del Escudo, los camiones lo utilizaban para pasar, pero un derrumbamiento en 1999 lo dejó inservible para el tráfico y muy peligroso para los caminantes.

El Canal de Castilla a su paso por la localidad vallisoletana de Medina de Rioseco. WIKIPEDIA

El Canal de Castilla a su paso por la localidad vallisoletana de Medina de Rioseco. WIKIPEDIA

Canal de Castilla
Una vez más, un canal. Y una vez más, el sueño de unir Castilla con Cantabria. El plan era crear un canal navegable que llegase de Segovia a Reinosa, para poder dar salida marítima al cereal de la Meseta. La idea nacía en el siglo XVI, a rebufo de los canales que se construían en Europa, esa gran llanura que nada tiene que ver con el paisaje arrugado de España.

Al menos, esta vez la ocurrencia era española y la tuvo Bartolomé Bustamante allá por el siglo XVI, cuando todavía habría tenido sentido. Pero el proyecto lo impulsó el Marqués de la Ensenada 200 años después. Se proyectaron cuatro ramales, pero sólo llegaron a hacerse tres. El canal nunca llegó a salir de Palencia porque la invención del ferrocarril lo dejó obsoleto.

¿Qué queda? De todos los ejemplos, este fue el más útil en el pasado y el más aprovechable hoy día. Además de usarse para el regadío, el Canal de Castilla es una fantástica atracción turística por su interés histórico y natural.

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