Una Nación como Dios manda

Cuando el diablo está aburrido, mata moscas con el rabo. Que se lo digan a Esperanza Aguirre, que ha ganado una barbaridad de tiempo libre ahora que ya no es condesa ni presidenta. Como la Gürtel ya no le organiza primeras piedras cada dos por tres, a la lideresa le sobran horas para darle a la tecla de la máquina de escribir. Pero, a diferencia del tópico del jubilado que escribe cartas contra el servicio de Correos, Aguirre apunta más alto y sus sandeces van dirigidas contra organismos internacionales y publicadas a toda página en el ABC.

Esta semana nos ha sorprendido con un furibundo escrito contra “esos señores” de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que cometieron el pecado de venir a España a comprobar que a la Policía no se le fuese la mano con los manifestantes del 22M.

Dice Aguirre que este organismo internacional ha venido “a vigilar a nuestra Policía como si esto fuese una república bananera o una satrapía comunista”. Quizá podía haber incluido, con ayuda de su partido, una guía de los países que sí cumplen esas nefastas condiciones. De haberlo pedido, el dictador Obiang le hubiera recomendado a Mariano Rajoy las mejores playas de Guinea Ecuatorial durante su cena del miércoles. O Cospedal podría enseñarle a Aguirre las fotos de su viaje a China para confraternizar con el partido comunista.

Pero el caso es que la OSCE eligió visitar Madrid, para que luego la alcaldesa Botella se queje de que el turismo ya no visita la capital. Algo que, dice Aguirre, “no les hubiera permitido un país serio como por ejemplo Inglaterra, Francia o Alemania”, todos ellos, fíjese usted, miembros de la OSCE.

Pero Aguirre, que ya está de vuelta de todo, prefiere poner sus ojos en los altercados del pasado 22M, algo que “ha visto todo el mundo en las televisiones”, llega a repetir por dos veces, y que “una Nación como Dios manda no puede permitir”. Tanto se ha visto en la televisión, que de hecho ni nos habíamos enterado de que ese sábado se produjo la manifestación más grande de esta legislatura, con gente desesperada y llegada de todos los rincones de España, muchos de ellos a pie.

Quizá, si Aguirre quitase los ojos de la televisión y leyese más prensa independiente, se diese un paseo por Youtube o entrase en Twitter para algo más que provocar, descubriría muchas más cosas.

Por ejemplo, sabría que, en menos de 24 horas, dos hombres han muerto mientras estaban bajo custodia de los Mossos d’Esquadra, sin que aún se sepa el motivo. Pero es para estar alerta después del fallecimiento en octubre de Juan Andrés Benítez, tras ser apaleado por los Mossos en el Raval.

Y sabría que, la pasada semana, los Mosos implicados en esa muerte acudieron a la prueba de toxicología totalmente rasurados, que debe ser el último grito en las comisarías catalanas, lo que imposibilitó tomarles una prueba de su cabello.

Si se diese un paseo por los periódicos digitales, Aguirre podría ver cómo la Policía apalea a periodistas nacionales y extranjeros –para que nadie les acuse de xenófobos- por las calles de Madrid. Y cómo les desprecian cuando están en el suelo con frases como “ya se levantará”. O el relato de cómo a los detenidos se les niega hasta la insulina.

Si utilizase Youtube para algo más que colgar sus viajes a Londres, Aguirre podría ver a una niña retenida y aterrorizada a gritos por la Policía por el mero hecho de estar grabando con su móvil sus excesos. O a un antidisturbios cagándose en “la puta madre” de un manifestante, a su jefe amenazando a un periodista con “patearle la cabeza” y a otro agente diciendo a una chica “¡cállate guarra!”.

Hechos todos estos que no sé si “una Nación como Dios manda” puede o no permitir, porque la Constitución dice que vivimos en un país aconfesional. Pero que desde luego sí merecen que a los señores de la OSCE se les ceda a perpetuidad una habitación como la de Duran i Lleida en el Palace, para que tengan bien vigilado Neptuno, el Congreso y Recoletos.

P.D. De alguna manera, Esperanza Aguirre ha debido leer este artículo antes de que se publicase. Y ha debido hacer que cambie su opinión respecto a la Policía, visto que ayer por la tarde arrolló una moto de un agente de tráfico y se dio a la fuga en plena Gran Vía de Madrid, después de que la multasen por aparcar en el carril bus.

 

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