Gallardón y el nasciturus

Desde los tiempos del ensañamiento de Hacienda con Lola Flores –“si me queréis irse”-, no se recuerda un persecución tan ominosa como la que está sufriendo el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. Es la maldición del genio que se adelanta a su tiempo y que padece  el hostigamiento de sus semejantes, que no alcanzan a comprender su visión pionera.

Gallardón rompe los corsés que se impuso Naciones Unidas con su Declaración de los Derechos Humanos y extiende su manto protector sobre los grandes olvidados: los fetos, los cigotos, los espermatozoides y los óvulos.

Una visión mesiánica que no comparten los partidos de la oposición, pero tampoco dentro de su propio Gobierno, donde muchos le dan la espalda. Por no ayudarle no lo ha hecho ni el ministro de Agricultura, que en su afán por etiquetar patas de cerdo bien podía haber creado la categoría de jamón de roble o encina, habida cuenta de que la bellota no es otra cosa que un nasciturus del árbol que pudo haber sido.

Como enfrentarse con los compañeros de partido está muy feo, excepto si Izquierda Unida te salva la papeleta en el Parlamento de Extremadura, Gallardón se ve obligado a desahogarse con el rival político. Por ello, este miércoles, compartió con acierto con los socialistas, esos herederos de Millán-Astray y amantes de la muerte, su temor a que en el futuro ellos decidan legislar contra “una persona que efectivamente ha nacido”.

Porque sabiendo cómo se las gasta la izquierda, una ideología que según el catedrático Marhuenda ha provocado 100 millones de muertos, no es de extrañar que el día de mañana fusilen a todo el que no vota PSOE, en caso de que lo de las primarias no acabe cuajando.

Lo curioso es que este Gobierno no se ha prodigado en medidas a favor de los que “efectivamente” han nacido ya, más bien lo contrario. Pueden dar fe de ello los estudiantes, cada día con menos becas; los autónomos, a quienes los Reyes Magos trajeron la enésima subida de impuestos; los que ya nacieron hace tiempo, a los que han hurtado su pensión… y hasta los que “efectivamente” ya están muertos, como los 88.000 cadáveres que olvidó el franquismo en las cunetas y que ahí siguen.

Pero eso sería lo fácil, tomar medidas que favorezcan a la población gobernada, que luego podría volver a votarte. Muy populista todo, como en Latinoamérica. Lo altruista es proteger al no nacido, quien hasta que no se invente el voto por ecografía, no participa en las elecciones.

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