El chivatazo

Como el típico malo de película que, en vez de finiquitar de un certero golpe al héroe atrapado, se dedica a contarle sus planes para dominar el mundo, dándole tiempo de paso para escapar, nuestro ministro del Interior se dedica a avisar a los presuntos miembros de ETA de que está a puntito de detenerlos. Con la diferencia de que aquí, se supone, los villanos son los que están atados a la silla y el que mete la pata es quien debiera defendernos.

El gabinete de Comunicación de Interior, no contento con avisar por correo electrónico de se iba a producir una operación antiterrorista en el País Vasco y Navarra, cuando los agentes no se habían puesto todavía ni el uniforme, también avisó de que las detenciones –futuribles- se habían realizado – o se iban a realizar- en “una de las sedes de los abogados defensores de los miembros de ETA”.

Para colmo, la noticia – o más bien la profecía- se colgó en Twitter, esa red en la que es difícil esconder algo por mucho que borres el mensaje después. Y más cuando tienes 89.000 seguidores. Al ministro sólo le faltó crear un evento en Facebook, con geolocalización del despacho de Zulueta y mandar invitaciones al resto de abogados de los presos etarras.

Los letrados, que serán abertzales pero seguro que tienen cuenta en Twitter, aunque sea con un huevo de avatar, no necesitaron más pistas. Se pusieron raudos a destruir pruebas, sin atender a la rectificación de Interior que, media hora más tarde, avisaba de que su anterior nota de prensa “quedaba anulada a todos los efectos”.

Se acercan las elecciones europeas y en el PP temen que el típico voto de castigo se traduzca en una fuga de sus electores hacia la extrema derecha. De ahí las prisas por sacar una reforma del aborto, con la que acabarán haciéndose trampas al solitario. Y de ahí también las prisas por hacer guiños a las víctimas del terrorismo, aunque eso lleve a echar por tierra una operación policial que había costado tres meses preparar.

Todo por culpa de un ministro que, pese a su poca fotogenia, se empeña en chupar cámara. Porque a Fernández Díaz le pones un  micrófono delante y es que se pierde. Lo mismo te avisa de que se va a detener a un etarra en Francia en unas horas como que convoca una rueda de prensa para desvelar los secretos de sumario del secuestro de Publio Cordón.

Fernández Díaz no necesita que ningún medio vierta sospechas sobre si está él detrás de los chivatazos, como le pasó a Rubalcaba. Este ministro, el faisán se lo guisa y se lo come él solito.

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Una respuesta to “El chivatazo”

  1. Xose Andabao Says:

    Pais de pandereta. (Hecha con nuestra piel, lamentablemente)

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