Navidades en el PP madrileño

Son fechas de alegría, armonía y paz. Y de aparentar, no vamos a negarlo. Aparentar que los chistes del cuñado siguen teniendo gracia, que el asado ha quedado en su punto y qué buenos están estos polvorones de 1997. Pasa hasta en las mejores familias y no hay familia mejor “en la historia de la humanidad” (ideológicamente hablando) que la que conforma el Partido Popular.

Por eso, en su tradicional cena navideña, Mariano Rajoy tuvo que hacer de tripas corazón y aparentar que se lleva genial con Ignacio González, justo ahora que los emails de Blesa nos revelan que al presidente del Gobierno, el madrileño “le produce sarpullido”.

Como todo invitado en casa ajena, Rajoy tuvo que poner buena cara y dar su apoyo expreso a González, a pesar de que horas antes habían imputado a su mujer –y a él le pasó rozando- por el pestilente asunto del ático marbellí.

Llegó incluso Rajoy a elogiar la “gestión exitosa” de Aguirre&Company, aunque esto suele acabar siendo un boomerang que estalla en la cara de los elogiados. Que se lo digan al delincuente Matas y al trajeado Camps, anteriores “ejemplos de gestión” de nuestro presidente del Gobierno.

Pero claro, esta noche es nochebuena y mañana navidad, pero nada dice el villancico del día 26, cuando, sin tradición que respetar, Cristóbal Montoro e Ignacio González se dedican a tirarse la vajilla a la cabeza con la sutileza que dos caballeros de su calibre pueden alcanzar.

Que si el ministro le acusa de tener discursos “absurdos”, pues el madrileño, a través de su portavoz, le recuerda “los escándalos que han salido en la Agencia Tributaria con el asunto de Cemex”. Que si Montoro le explica que su Ministerio no es “la ventanilla” para pedir ser candidato, González menciona sus “amenazas y chascarrillos”. Y se acaba montando el Belén cuando ya deberíamos estar recogiéndolo.

Y en estas llega Cifuentes, delfín aspirante al puesto de González, que se atreve a verbalizar lo que en privado reconocen las diputadas del PP. Que aborrecen la ley del aborto de Gallardón y que prefieren la de plazos de Zapatero. Muy valiente y un bonito gesto con todas las españolas que, de momento, tienen derecho a voto. Si no fuera porque añade la coletilla de “pero tengo que aceptar la medida que ha tomado el partido”.

Eso sí, todo lo contrario de Ana Botella, que tiene su particular batalla en este Juego de Tronos. Ella, aspirante a repetir como alcaldesa, está encantada con la ley del aborto, que califica de “progresista”. ¿Cómo no va a hacerlo si la ha redactado la persona a la que debe todo y la colocó de carambola en la Alcaldía?

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