Las desmemorias de Aznar

Lo reconozco. Soy uno de esos bichos raros que, cada vez que está haciendo turismo, se para a leer todos los paneles informativos. ¿Que en mitad de un sendero silvestre hay un cartel sobre la  importancia de la polinización de las abejas? Ahí voy yo, para desesperación del resto de mis acompañantes. Esta fijación por la palabra escrita, supongo, es la que me ha llevado a leerme la segunda parte de las memorias de José María Aznar desde el momento en que cayeron en mis manos, pese a las advertencias de mi entorno sobre el presumible daño para mi salud mental y también física (el primer día de lectura, el borde de una página me atacó, provocándome un molesto corte en la mano).

Sin embargo, he de reconocer que los recuerdos del pequeño gran hombre de Estado son interesantes durante sus primeros compases por la misma razón que las memorias de otros políticos. Cuando ya no tienen nada que perder, nuestros dirigentes nos desvelan cómo funciona entre bambalinas el gran teatro de la política. Las negociaciones fuera de plano, los diálogos reales y en ocasiones prepotentes, sobre todo cuando hablamos de Aznar…

Ahí tenemos, por ejemplo, a Jose Mari tirándose el pisto delante del mismísimo rey de Marruecos, Hassan II, presumiendo de que en caso de llegar a las armas, España le daría una buena tunda al vecino del sur. “En un momento dado, Hassan llegó a pronunciar la palabra ‘guerra’. Eso sí, para decir que su país no la declararía por esta cuestión [Ceuta y Melilla]. Su comentario me pareció fuera de lugar y decidí replicar: ‘Me parece muy bien su postura, porque, de hacer la guerra a España, Marruecos la perdería’”.

Así era Aznar, un tipo que hablaba de un conflicto bélico como el que avisa a un compadre de que es imbatible a la brisca. Lástima que el rey Hassan, por el hecho de haber fallecido ya, no pueda rebatir sus bravuconadas.

Pero en cierto momento, el libro se vuelve repetitivo y muchos de sus párrafos repiten una estructura similar al Génesis bíblico, algo comprensible dado el carácter mesiánico del personaje. Viene a ser así: surge un conflicto en el orbe; Aznar levanta el teléfono; llama a Bush; le da instrucciones; y la historia termina con la coletilla “y así lo hizo”.

¿Que Bush tiene reticencias sobre invitar a Lula da Silva a la Casa Blanca? Aznar le llama y le dice que le reciba como si fuera él mismo. ‘Y así lo hizo’. ¿Qué Estados Unidos ya no quiere firmar un Tratado de Libre Comercio con Chile, por no haber apoyado la Guerra de Irak? Aznar llama y le dice a Bush que se lo debe. ‘Y así lo hizo’. ¿Que el secretario del Tesoro americano no está dispuesto a pedir al FMI un rescate para una Argentina quebrada? Más de lo mismo. Y así, una y otra vez.

Sin embargo, en algunos pasajes el libro podría pasar por unas desmemorias, a juzgar por las lagunas mentales de su autor. Por ejemplo, critica a Zapatero por su “estrafalaria visita” a Marruecos como líder de la oposición, en la que se dejó fotografiar “delante de un mapa en el que aparecen Ceuta, Melilla y hasta Canarias como parte del territorio marroquí”. Alguien con buena memoria debería recordar haberse hecho esa misma foto, pero como presidente del Gobierno, como desvelamos hace años en el ELPLURAL.COM.

Montaje con las fotos de Zapatero y Aznar ante el mapa de Marruecos, realizada por el blog 'Hay vida a los sesenta'.

Pero sin duda, una de las lagunas más llamativas tiene que ver con Cuba y Venezuela. El expresidente del Gobierno hace una loa a dos opositores a la dictadura cubana, Alberto Montaner y Oswaldo Payá. Y termina diciendo: “Estoy seguro de que tendrán su momento, su responsabilidad y su oportunidad de aportación patriótica…”

Quizás Montaner tenga esa oportunidad, pero no Oswaldo Payá, que como todo el mundo sabe –excepto Aznar- murió en el accidente de coche que protagonizó Ángel Carromero, emblema de las Nuevas Generaciones del PP, y por el que sigue cumpliendo condena, pero en la calle.

Lo primero que viene a la cabeza es que quizás ese pasaje del libro lo escribiera Aznar antes de julio de 2012, cuando Payá falleció, y que en un descuido se le olvidó corregirlo. Pero acto seguido empieza el siguiente fragmento, dedicado a Venezuela, y que termina así: “El mismo abismo del que los venezolanos, con gran coraje y espíritu cívico, intentan salir tras la muerte de Chávez y el fracaso del socialismo del siglo XXI”.

Chávez murió en marzo de 2013, más de medio año después del accidente que mató a Oswaldo Payá. Resulta sorprendente la errata de Aznar, o más bien una muestra de cobardía de un personaje que sólo tiene espacio en el libro para mostrar el rencor que guarda a sus adversarios –Rajoy incluido- y hacerse panegíricos. Pero no para hablar de los temas incómodos, hasta el punto de dejar vivo a Oswaldo Payá.

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