Todo es gaviota

“Si no quieres ir a la Iglesia no vayas, pero al menos no estés en la plaza cuando acabe la misa”. La frase es de mi abuela, habitual de esta columna. Una señora tremendamente religiosa, como Dios manda, a la que, sin embargo, hay algo que le preocupa más que la furia divina: el qué dirán.  Será cosa de la herencia castellana, pero me han educado en la importancia de mantener las formas. Una virtud que debería prevalecer incluso en una democracia de chiste como la nuestra, pero no es así.

Decíamos en el anterior artículo que no era de recibo que la secretaria general del Partido Popular, una “empresa privada” según la vicetodo del Gobierno, se dedicase a filtrar en primicia desde Génova un dato tan importante como el del desempleo. No ha servido de nada, como hemos podido observar en los últimos días.

Y es que de un tiempo a esta parte todo es gaviota. Esta semana, Mariano Rajoy ha decidido montar una fiesta de pijamas en La Moncloa y hasta allí se desplazó toda la Ejecutiva del Partido Popular para celebrar su reunión de los lunes.  Si al presidente le da pereza recorrer los 5 kilómetros que le separan de la calle Génova, puede reunir a sus chicos a mitad de camino. Si además lo hace para ahorrar, dada la comitiva imperial que le escolta, pueden quedar en el McDonald’s de Moncloa, por ejemplo, que tiene multitud de productos a un euro. Pero utilizar el Palacio que le pagamos todos para sus aquelarres partidistas está muy feo.

Aunque peor aún es apropiarse del Tribunal Constitucional, el primer tribunal de este país y el último baluarte nacional ante los desmanes que pudiera realizar el Gobierno. Porque el reparto de cromos entre los principales partidos ya estaba asumido, pero de ahí a colocar en la Presidencia a un conmilitón hay un abismo.

“No tengan duda de que voy a seguir en mi puesto”, dice altanero Pérez de los Cobos. Hace bien, su trabajo le ha costado llegar ahí y también su dinero. Concretamente un buen número de cuotas de militante en el PP, aunque también le ha sabido sacar rédito económico a su filiación política. La mejor inversión de su vida, seguro.

Si ni siquiera los magistrados progresistas se han atrevido a recusarle, qué se puede esperar de los otros colocados del PP: el cuñado del escudero de un imputado en la Gürtel, el rector de la Universidad pública de los Marhuendas y los obispos, el que comparaba el matrimonio homosexual con la zoofilia…

La lista de apropiamientos indebidos es inabarcable: desde Jesús Posada, que pese a sus aires de simpático Don Pimpón ha convertido al Congreso en “un lacayo del Gobierno”, siempre disponible a saltarse todos los cánones para proteger a Mariano Rajoy, hasta la colocación de Elvira Rodríguez, pepera de pro, al frente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, algo inaudito en nuestra democracia. Pasando por una Fiscalía que no quiere investigar la destrucción de discos duros del PP por no tener interés para la causa.

Cuanto peor les va en las encuestas, más prisa se dan por colocar gaviotas en todas las instituciones que pertenecen legítimamente a todos los españoles. Podrán perder las elecciones, pero no se les echará de la vida pública ni con agua hirviendo.

Artículo publicado originalmente en El Plural

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