El padrino de la novia

Durante siglos, los hombres hemos contado con una ventaja a la hora de esquivar el trámite del matrimonio. Ante cualquier insinuación de nuestras compañeras para pasar por la Vicaría,  si queríamos evitar el trance, podíamos ganar tiempo recordándole a nuestra amada que ‘por mí vale, pero la tradición marca que la boda la paga el padre de la novia’. Sin embargo, este privilegio ha sido ahora desmontado por esa gran figura del feminismo que es José María Aznar López.

Resulta que siendo la persona más relevante del país, Aznar nos dio un ejemplo de igualdad -como se espera de todo buen gobernante- rompiendo esta arcaica costumbre. Por lo que parece, el que menos se gastó en la boda de su hija fue el propio padre. ¡Así cualquiera monta la boda del Siglo!

Francisco Correa pagó de su bolsillo los 32.000 euros de iluminación y El Bigotes, para no hacer sombra a su jefe, se hizo cargo de los 2.400 euros en sonido. Dice Aznar en su defensa que “parece bastante normal que los invitados a una boda hagan regalos; y algunos hacen regalos relacionados con su actividad”. ¿Con qué actividad exactamente? ¿Con la de montaje de saraos varios a tiempo parcial o con la de Papas Noel a tiempo completo?

Porque parece que los gürtelianos pasaban más tiempo haciendo regalos a políticos del PP que trabajando. Si a Ana Mato le pagaban sus viajes para conocer a Goofy y a Mickey Mouse, si a su marido le colocaban Jaguars en el garaje por la noche, si a los políticos valencianos les pagaban los trajes… entonces si “parece bastante normal” que al jefe de todos ellos le ahorrasen el apuro de tener que iluminar el enlace imperial de su hija.

Lo que ya no es tan “normal” es que el Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial le regalase “300 autobuses” para trasladar a los invitados llegados de allende los mares, o 500 plazas de aparcamiento. O que el Ayuntamiento de Madrid le cediese gratis 300 vallas de seguridad, agentes de Policía Local y cerrase importantes calles de la capital para la pija despedida de soltero de su yerno. Porque el dinero que gestionan estas instituciones es nuestro, y nuestra “actividad” no es pagarle los caprichos megalómanos a la hija del presidente.

Ya sabemos que España no es uno de esos países “civilizados” donde los políticos dimiten cuando un empresario les invita a una caña. Pero tampoco nos merecemos que Aznar y su yerno nos tomen por tontos y sus únicas excusas sean que en aquel momento “no se conocía nada como trama Gürtel y que los autores de los regalos “no estaban imputados en esa época”.

Basándonos en ese argumento, deberían declarar ya inocente a Iñaki Urdangarin, porque en el momento en que nos sacaba los cuartos con foros cutres e informes sacados de Internet sólo era un simpático exjugador de balonmano.

Aznar no respetó la tradición de pagar el enlace, pero al menos la boda sí que se mantuvo fiel al refranero español cuando cumplió aquello de que “quien tiene padrino se casa”. Y el que tiene a El Padrino Don Vito, arrasa.

Artículo publicado en El Plural

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