La dieta del hambre

Se supone que el fin último de la economía es el reparto equitativo de los recursos, y no el amasamiento injusto de la riqueza. Sin embargo, España es el país más desigual de Europa junto a Portugal, Bulgaria y Letonia. Lo que es más doloroso si se tiene en cuenta que nuestra renta supera de largo la de esos países y que somos la cuarta potencia económica del continente. En términos de desigualdad, estamos peor incluso que la malograda Grecia, y eso puede apreciarse en lo que los ciudadanos comemos.

Por primera vez desde que se mide este factor, los españoles damos más valor al precio de la comida que compramos que a la calidad y nos decantamos por el producto más barato. Además, hemos vuelto al puchero y optamos más por la verdura, la legumbre y el arroz. “Salimos menos y gastamos algo menos (…). Yo lo llamo la vuelta a casa”, asegura el ministro Cañete, cuyo patrimonio le permite mantenerse ajeno a la operación bikini forzosa que supone la crisis para el ciudadano medio.

Con este panorama no es de extrañar que nos den gato por liebre, ni caballo por ternera. Como explicaba el otro día Vicenç Navarro en este periódico, el fraude de la carne equina es otro resultado de la crisis.  Aumenta quienes no pueden mantener sus caballos y los sacrifican. Las empresas aprovechan esa carne que cuesta seis veces menos y nos la cuelan a nosotros, quedándose con el beneficio. Es ese círculo vicioso del capitalismo en el que todo vale siempre que ganen los mismos y pierdan los de siempre.

Otro ejemplo de desigualdad alimentaria lo tenemos en Navarra. En el Hospital Virgen del Camino se ha privatizado el servicio de cocina y el resultado son unos menús que harían vomitar al mismísimo Alberto Chicote. Tortillas verdes, habas como piedras, filetes raquíticos y secos como la mojama… No sería raro que algún paciente escapara con gotero incluido al Ikea de la esquina para darse un festín de albóndigas equinas y su famosa tarta de chocolate.

La otra cara de la desigualdad está a escasos metros del hospital, donde la misma presidenta que ha privatizado la cocina se niega a dimitir por el escándalo de Caja Navarra. Yolanda Barcina habría cobrado entre 100.000 y 200.000 euros al año en concepto de dietas por asistir a reuniones de la entidad financiera. Y para más recochineo, resulta que dividían estas citas en minireuniones de 20 minutos en el mismo día para así cobrar más. Barcina llegó a cobrar en un día 3.400 euros. ¡Eso sí son dietas y no las de los enfermos!

Aunque para banquetes los que se celebran en el avión de Rajoy, quien se ha vuelto a adjudicar 300.000 euros de cáterin para su Falcon y el del Rey. Gracias a este gasto “fundamental”, en el Air Force Mariano siempre habrá jamón ibérico de 240 euros el kilo y lomo ibérico de 120 euros el kilo; además de cochinillo, cordero lechal, lubina, finas tartas.

Y es que no se pueden manejar los designios de un país con el estómago vacío. Este lunes, sin ir más lejos, Rajoy se llevó a toda la cúpula del PP a desayunar al Ritz. La carta tipo para estos eventos consta de jugo de naranja, bollería artesana, mantequilla y mermelada, café o té por el módico precio de 36 euros por cabeza. Porque nuestro presidente será un tipo austero con sus calcetines, pero tiene un paladar de oro.

Artículo publicado originalmente en el El Plural

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