Políticos cazados

Se equivocan de cabo a rabo -pasando por las orejas- los defensores de la tauromaquia como la fiesta nacional. Por mucho que se esfuerce el Partido Popular por apadrinar iniciativas como la que el martes votó el Congreso para convertir esta práctica en Bien de Interés Cultural -no vaya a ser que se sigan suicidando toreros-, lo que en realidad nos une como nación es nuestra pasión por la caza. Porque los españoles, cuando no nos estamos pegando tiros entre nosotros, ocupamos el tiempo en el monte, descerrajando escopetas sobre cérvidos.

Tan arraigada está en nuestro país la “actividad cinegética”, que es como llaman a la caza sus aficionados, que en España “caza el Rey, caza el Papa, y de cazar nadie se escapa”. Bueno el Papa no está para cazar estos días, pero ya se encarga el monarca de cubrir su parte.

Es tanta la afición por este deporte que se nos está acabando el espacio para practicarlo y el Gobierno quiere permitir que se cace en los Parques Nacionales. Es sabido que da más pasta e influencia una buena montería de empresarios que un grupo de excursionistas, con sus bocatas de mortadela y su bolsa de pistachos.

En cualquier otro país esto de por sí sería un escándalo, pero en España nos gusta apostar fuerte así que el responsable de los Parques Nacionales, Basilio Rada, se permite ir de caza con el magnate Alberto Alcocer y otros interesados en que se cambie la ley. A punto estuvieron de entrar en la reserva de Cabañeros, como tenían planeado, pero Rada dice que no piensa dimitir porque no empuñó ninguna escopeta.

El número de monterías de escopetas ilustres -empresarios, aristócratas y terratenientes- no para de crecer con motivo de la crisis -sí, con motivo de la crisis- mientras que la actividad se resiente entre los cazadores de clase media. Así que, quienes no pueden pagarse el vicio se conforman con seguir el reguero de noticias sobre corrupción. Porque con tanta víctima de “cacería política” ya no se distingue donde acaba el Telediario y donde empieza la emisión de Jara y Sedal.

¿Que la ministra de Sanidad recibió miles de euros en viajes y hoteles de una trama corrupta? Rápidamente se declara víctima de una “cacería personal y política”, aunque sea ella la que dispara cañones de confeti. ¿Que el vicepresidente de la patronal paga media nómina en negro a sus trabajadores? Pues a él le falta tiempo para asegurar que todo forma parte de la “cacería de brujas contra los empresarios”.

Los medios de comunicación destacan que Rajoy ha cedido una pieza de caza menor al despedir, por fin, al “funcionario” Jesús Sepúlveda, y mientras pasa el chaparrón se libra de ofrecer las cabezas de Mato y Cristóbal Montoro. Les echará, se comenta, cuando la decisión no se interprete como un trofeo a la oposición.

Mientras, en un tapizado salón de la Zarzuela, se acumulan las invitaciones para ir de caza, porque la regia cadera no está para trotes. Quizás el Rey, nostálgico, observe de cuando en cuando su fotografía con Arturo Fernández, Jaume Matas y Gerardo Díaz Ferrán. Y, como Marty McFly en Regreso al futuro, vea cómo se van borrando las caras de sus amigos a medida que se alejan del Coto Real y se acercan a Soto del Real.

Artículo publicado originalmente en ELPLURAL.COM

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