El McGuffin real

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En 1939, Alfred Hitchcock definió perfectamente una de sus herramientas preferidas, el McGuffin: “En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos”. Los McGuffins son objetos que proporcionan el suspense al relato y hacen que avance la historia, aunque en realidad son irrelevantes en la historia. Algo así como el halcón maltés en la película del mismo nombre o la maleta de Pulp Fiction, que nunca llega a revelar su contenido.

El discurso del Rey de esta Nochebuena ha estado plagado de McGuffins, dado que la mayoría de su escasa audiencia sintoniza el mensaje real para asistir al relato de cómo vive Juan Carlos I: qué fotografías tiene en su casa, qué elementos navideños ha usado para decorar, o qué corbata lleva. Elementos irrelevantes que se convierten en protagonistas de una edición monárquica de Quién vive ahí.

Este año, la secuencia arranca con un plano en el que el espectador siente que entra a La Zarzuela por una ventana. Se cuela en Palacio y encuentra a un Rey que le espera sentado sobre su escritorio, como la profesora de Mentes Peligrosas, y al que sólo le falta decir eso tan americano de “¡Hombre! No os había escuchado entrar”.

A partir de ahí, fuegos de artificio a tutiplén: un belén sin buey ni mula, como manda el Papa; una torre de libros en equilibrio, porque el Rey es un intelectual desordenado; una galería de fotos para que el espectador busque a Wally Urdangarín…

Todo un despliegue para despistar al personal y que se escape lo fundamental: que Mariano Rajoy ha poseído al Rey. Viendo este año de Gobierno, a uno le viene a la cabeza la imagen de Hugo Chávez, gritando “¡Exprópiese!” por las calles de Caracas, y se imagina a Rajoy con gorra bolivariana y señalando a TVE, la sanidad pública, e incluso al Rey mientras vocea “¡Aprópiese!”.

Guste más o menos –o nada- la Monarquía, es cierto que, al menos por inamovible, no debería pertenecer a ningún Gobierno. Y el discurso de esta Nochebuena ha sido la guinda de un año en que hemos oído al Rey decir que “desde fuera, España se ve mejor” o incluso que “las reformas económicas ya están dando sus frutos”, mientras el país se desangra en un chorro de parados y emigrantes. Es lógico que el Rey no pueda opinar sin el visto bueno del Gobierno, como manda la Constitución, pero no hace falta que se note tanto.

Como consecuencia, tenemos a un Rey presumiendo de cadera privada y que nos trata como a unos estudiantes torpones. “La realidad actual es compleja y no siempre fácil de entender”, nos dice. “Hay medidas de política económica o fiscal o políticas de fomento de la innovación”. Es decir, sabemos que podemos hacer que paguen los que más tienen, o invertir más en ciencia y no en ladrillo, pero antes que nada “el primer estímulo que nos sacará de la crisis es la confianza”. Creencia ciega, dogma de fe. Dadme la confianza y yo la convertiré en confianza en España. Es Rajoy quien nos hablaba esta Nochebuena.

Y, por supuesto, “confianza” en  los políticos, pero en los de “la Política grande, con mayúscula”, aquella que sigue anclada en el sueño de la Transición y que no es capaz de entender que esta democracia se nos ha quedado pequeña. Esa “es la única que tiene la capacidad de reafirmar la confianza en nuestra gran nación”.

Nuestra gran nación. Conceptos que parecen recién salidos de Génova 13. Como hablar del “efecto dinamizador” que supondrá la huida en masa –¿por impulso aventurero?- de jóvenes españoles que no pueden sobrevivir en la tierra que les vio nacer.  O eso de reducir la indignación social y las reivindicaciones justas en “inseguridad y desánimo”, en definitiva, “pesimismo”.

No contentos con tener a sus pies a la mayoría de los periódicos, radios y televisiones autonómicas, ahora el Gobierno pretende colarnos su mensaje en todas las cadenas y durante la cena de Nochebuena.  Menos mal que el discurso navideño cada vez lo ve menos gente. Exactamente igual que los telediarios de TVE. Por algo será.

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Una respuesta to “El McGuffin real”

  1. FVR Says:

    Muy bueno.
    Nota: no tengo ni puta idea de ingles y, me gustaria poder comentar. Solamente tengo mi correo y nada más.
    Salud,
    Fernando

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