¿Madrid Arena? ¡Madrid Apesta!

Algo huele a podrido en la ciudad de Madrid. Una frase que tiene esa magia shakesperiana; ese encanto de las citas que lo mismo valen para denunciar la corrupción en la Dinamarca de Hamlet como para señalar a esa lima al fondo de la nevera que en realidad es un limón. Lo cierto es que hace semanas que Madrid apesta. Y no es porque cada vez se limpie menos (aunque se pague más por el servicio) ni por la huelga de basuras. Eso sí, la responsable de la peste, en todos los casos, se llama Ana Botella.

El tufo de todo lo que rodea a la tragedia del Madrid Arena es ya insoportable, y no se va a tapar quemando cerillas, destituyendo a cargos medios o al conserje del pabellón. Detrás de la horrible muerte de cuatro niñas, y las graves heridas de una quinta, todo apunta a que se esconde una burda trama de complicidades, favores  y oscuros chanchullos.

Si no, ¿de qué iba a tener la empresa DivierTT el monopolio del Madrid Arena? ¿Por qué se le garantiza que ninguna otra empresa usará el pabellón ni un mes antes ni un mes después de sus actos? ¿A qué viene avisar a los empleados públicos de que esta empresa deberá tener trato preferente cuando tiene deudas y pufos conocidos con la administración pública?

Cada día que pasa de este drama nos desayunamos con dos tazones nuevos de bazofia, cortesía del Ayuntamiento. Desde luego, alguien se lo ha estado llevando crudo durante estos años. O bien el empresario, que declaraba que a sus fiestas sólo iban 5.000 y no 20.000 personas para así pagar menos licencias y llevarse más ingresos en negro. O bien algún amiguete en el Consistorio que ha estado pillando mordidas entre tanto detritus. O todos. Pero la pasta la hemos puesto nosotros, eso es seguro.

Pues con estos antecedentes a la alcaldesa no se le ocurre otra cosa que contratar a un bufete privado de abogados para que le saque las castañas del fuego, cuando ya tenemos amortizados hasta 78 empleados públicos perfectamente capacitados para estas labores en el Ayuntamiento. Venga a tirar nuestro dinero a la basura.

La Comisión de Investigación con la que Botella iba a alumbrar toda esta turbiedad se ha convertido en una pantomima antes de empezar. El PP rechaza que comparezca Botella, Cifuentes, casi todos los funcionarios… lo esperado, vamos. Al final, todo quedará en 15 intervenciones. Es decir, menos gente que los escoltas que lleva Ana Botella a sus actos y más que los policías que custodiaban el Madrid Arena.

Para rendir cuentas se esconden, pero para poner el cazo no pierden el tiempo. Que se lo digan si no a Simón Viñals Pérez, exconcejal del PP de Madrid de 77 años, que estuvo imputado en el caso funeraria y que fue contratado por DivierTT a instancia del Ayuntamiento para dirigir el raquítico equipo médico de aquella noche. Junto a él estaba su hijo, otro médico que hacía su trabajo “de manera voluntaria” porque no puede cobrar al ser funcionario del -redoble- Ayuntamiento de Madrid -¡tachán!-.

Botella ya nos llenó la ciudad de mierda y contaminación cuando se encargó de la Concejalía de Medio Ambiente. Ahora que nos la han impuesto como alcaldesa, la peste y la corrosión se extienden por todo aquello que toca: familias desalojadas de viviendas sociales, aumento de enchufados a dedo, recortes por doquier, reportaje en Telva sobre su lujoso despacho. Sírvase del consejo que un día dio su marido y “¡váyase señor Botella!”. Y tanta basura se lleve, como dolor deja.

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