Prohibidos los sombreros de ala ancha

Unos años antes de que, supuestamente, Maria Antonieta aconsejara a los parisinos que si no tenían pan comieran pasteles, los madrileños también pasaban hambre. Corría el mes de marzo de 1766 y en aquellas fechas era normal que el precio del pan subiera, debido a que ya se estaban agotando los últimos excedentes de trigo del año anterior y aún se esperaba la recogida de la nueva siembra. Pero es que bienes básicos como el carbón, el aceite o la carne seca también estaban por las nubes. En esta situación, era lógico que cualquier chispa hiciese saltar por los aires los ánimos del pueblo madrileño, y el detonante fueron unos carteles que aparecieron la mañana del 10 de marzo.

Redactados por el  favorito del rey Carlos III, Leopoldo de Gregorio y marqués de Esquilache, en ellos se prohibía a los madrileños que vistieran con su tradicional capa larga y los famosos sombreros de ala ancha. Se les ordenaba que llevasen sombreros de tres picos y capas cortas, como se estilaba en Europa. Y así, de paso, se evitaba que los ciudadanos ocultasen su cara bajo la visera o portasen armas bajo el sayo. Los carteles fueron arrancados por los ciudadanos.

El Domingo de Ramos de aquel año, dos ciudadanos subían por la cuesta de Atocha, vestidos provocativamente con largas capas y anchos sombreros. Al llegar a la plazuela de Antón Martín, los soldados del cuartel de Inválidos les dieron el alto para recortarles los ropajes. Fue entonces cuando uno de los hombres sacó una espada, lanzó un silbido y de los callejones brotó la emboscada. Los amotinados se hicieron con las armas del cuartel y se abalanzaron hacia el Palacio Real.

Los acontecimientos siguientes acabaron con el rey huyendo asustado a Aranjuez y con el marqués de Esquilache y toda su familia expulsados de España, de vuelta a su Italia natal. Carlos III tuvo que acceder a buena parte de las exigencias de la turba ante la amenaza de que “si no se accede, treinta mil hombres harán astillas en dos horas el nuevo Palacio”. Es lo que hoy se conoce como el Motín de Esquilache.

Esta mañana, más de 200 años después, ABC nos cuenta en su portada que se multará con hasta 30.000 euros a quienes participen con el rostro tapado en protestas que deriven en disturbios.

Podría parecer lógico. Pero a la vista del ritmo con que se está deteniendo selectivamente a líderes sindicales por perogrulladas como quemar simbólicamente una bolsa de papel o poner pegatinas, yo no dudaría en taparme la cara cuando acudiese a una protesta, por lo que pudiera pasar después.

La nueva ley de Seguridad Ciudadana -bonito nombre, por cierto- también incluirá multas de entre 3.000 a 30.000 euros por insultar o faltar al respeto a los agentes de la Policía. Por el contrario, no se espera que haya multas para los agentes antidisturbios que toquetean a muchachas mientras las retienen contra la pared o aquellos que hagan saltar los dientes sin razón a una chica a base de puñetazos.

“En política no existen las casualidades”, se suele decir. Y no parece casual que en la misma doble página de ABC donde se anuncian las nuevas esquilachadas se asegure que la Policía también ha prohibido las redadas racistas indiscriminadas a inmigrantes sin papeles.

La noticia es absurda se coja por donde se coja y es obvio que sólo busca despistar. No se puede prohibir algo que es ilegal e inconstitucional. Es prácticamente imposible encontrar una orden escrita para que se busque a inmigrantes por su apariencia racial, o cupos de detenciones para los policías. Pero cualquier agente puede confirmarte en privado que conocen esas exigencias y cómo la mejor manera de cumplirlas es bajarte a la Plaza de Lavapiés o a Tirso de Molina para cargar una furgoneta con unos cuantos subsaharianos o árabes.

No es algo que vaya arreglarse con una circular firmada por el neocon Ignacio Cosidó. Y desde luego, es muy cínico querer aparentar una preocupación inexistente por las detenciones de sin papeles mientras se les deja enfermar indignamente y se les niega el acceso a los servicios sanitarios.

Vivimos en un país en el que un inmigrante puede morir asfixiado, amordazado como un perro por dos policías, al ser devuelto en un avión a su país y sólo se multa a los agentes con 600 euros. Sin embargo, si alguien quisiera llamar canallas o algo peor a esos dos policías, podría tener que pagar 30.000 euros.

Si esto no acaba explotando, desde luego no será porque falten chispas.

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3 comentarios to “Prohibidos los sombreros de ala ancha”

  1. parladoiro Says:

    Sencillamente genial la exposición que haces de los malos modos de esta nueva dictadura neoliberal que, si no lo impedimos, se está imponiendo en España al objeto de hacernos callar. Nos quieren esclavos, mudos y arruinados. Seremos asi mas domesticables.

  2. "V" Says:

    No puedo estar mas de acuerdo, despues de leer la noticia en los periodicos, me acordé de la famosa ley historica…GENIAL!!!….

  3. PROHIBIDA LA CAPA LARGA Y EL SOMBRERO DE ALA ANCHA | Iustitia omnibus Says:

    […] Para más información: https://marcosparadinas.com/2012/05/21/prohibidos-los-sombreros-de-ala-ancha/ […]

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