El Fotochop de Rajoy

Hoy en día, todo ‘mindundi’ es capaz de retocar una fotografía suya antes de subirla a Tuenti. Con unas pocas nociones informáticas puedes eliminar esas arrugas tan antiestéticas o recortarte los michelines con una facilidad que ríete tú de la dieta Dukan. Pero hace casi un siglo la cosa no era tan fácil. Aun así, los subordinados de Stalin tuvieron que ingeniárselas sin Photoshop para eliminar de las imágenes de la propaganda comunista a aquellos que incomodaban al dictador. Lo mismo les tocó hacer a los ‘informáticos’ de Hitler, Mussolini o Mao Tse-tsung, que tuvieron que desarrollar una gran habilidad con el retoque fotográfico. La amenaza de muerte es lo que tiene, que agudiza el ingenio.

En la actualidad, una maniobra de ese estilo duraría menos que el marido de Cospedal en el consejo de Red Eléctrica. La invención de la fotografía digital, que permite guardar y repartir infinidad de copias, y las redes sociales tumbarían un montaje tan burdo en un par de horas.

Por ello, el Partido Popular ha optado por una estrategia más sutil para librarse del recuerdo de Jaume Matas, ahora que el expresidente balear ha sido condenado a seis años de prisión en la primera de las 20 causas que tiene pendientes con la Justicia por corrupción. En la Comunidad Valenciana, una tierra libre de sospechas, le han retirado el título de embajador los mismos compañeros que hace unos años brindaban con él y le reían las gracias. Y desde la cúpula popular se han lavado las manos alegando que el expresidente balear no es militante del PP desde hace años.

Si no fuera porque a Mariano Rajoy le da repelús eso de dar la cara, uno podría esperar que en cualquier momento el presidente del Gobierno diera una rueda de prensa disfrazado de hipnotizador de poca monta. “Españoles, repitan conmigo: ‘Rajoy nunca dijo que quería hacer con España lo mismo que Matas hizo en Baleares. Rajoy nunca compartió Consejo de Ministros con Matas. Rajoy nunca fue amigo de Matas’”.

Al final Rajoy va a coger más manía a los barcos que a los helicópteros, y no sólo por su metedura de pata de dar un mitin sobre el navío de un narcotraficante. Cuando se hundió el Prestige, el ministro de Medio Ambiente era el cleptómano mallorquín, pero el que acabó pringando fue el inventor de los “hilillos de plastilina”. Por no hablar de aquellos veraneos de Rajoy y su esposa con el matrimonio Matas, a bordo de un yate ajeno. ¿No le contaba su amigo, señor presidente, cuando tomaban el sol sobre la borda, su afición por las escobillas de wáter de 400 euros?

Pretenden ahora desde el entorno de Rajoy que nos olvidemos de cuando decía que Matas tenía “personalidad, coraje, determinación y valentía”. Pero aquellas palabras hoy siguen resonando como aquel “¡Paco! Yo siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado. ¡Me es igual!” dirigido a Camps. O como aquel “Carlos Fabra es un ciudadano y un político ejemplar”. Pocas veces en las que Rajoy se ha mojado y que tarde o temprano le acabarán pasando factura. Al tiempo.

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