Testículos

En tiempos del Imperio Romano, a falta de best-seller como la Biblia, los juramentos eran algo menos artificiosos. Aquellos que debían prestar declaración ante un jurado o ante un órgano político se agarraban firmemente los testículos con la mano derecha mientras recitaban su declaración. De ahí viene la palabra testigo (testiculum). Al ser una época donde la virilidad era un valor fundamental, los romanos daban fe de su integridad y de la veracidad de sus palabras poniendo en juego sus genitales si mentían. Era tanto lo que estaba en juego que aquella ceremonia sólo se llevaba a cabo ante personalidades de igual o superior rango.

La nueva legislatura nos ha brindado dos semanas repletas de juramentos oficiales, aunque no hemos presenciado a ningún alto cargo echar mano de sus partes pudientes. Y eso que en el nuevo gobierno abunda la testosterona (sólo hay cuatro ministras), y siempre han dado su palabra ante el Rey y la soberanía nacional, ambas instituciones de rango superior a los declarantes.

Sin embargo, la ceremonia actual sigue cargada de simbolismo. Por ejemplo, aquellos que prometen, lo hacen sólo ante la ciudadanía; mientras que jurar un cargo se suele asociar a una creencia religiosa, poniendo como último testigo de tu honorabilidad a Dios o al ser superior de turno. Por ello, es significativo que entre los diputados del PP abundaran los que respondieron con un “juro” ante el requerimiento del presidente de la cámara, mientras que los diputados de izquierdas optaron en su mayoría por un “prometo”.

Todo este folclore, crucifijo mediante, se multiplica en la jura del Consejo de Ministros ante el Rey. Absolutamente todos sus miembros han optado por la fórmula del juramento. El presidente, Mariano Rajoy, acarició un rato la Biblia, y otro la Constitución. E Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, adoptó una posición de pinchadiscos para jurar sobre ambos libros. Aunque el más original fue Luis de Guindos: el hombre que debe guiar la economía se hizo un lío con las manos y empezó jurando sobre la hoja de su discurso. Mal empezamos…

Pasado el trámite del juramento ante el mañana, queda el amargor del poso del ayer. Tener un Consejo de Ministros con una edad media de 55 años implica que muchos de sus componentes estén marcados por el pasado y en ocasiones rocen el conflicto de intereses.

Desde su despacho en el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el canario José Manuel Soria será el responsable de tareas tan ingratas como gestionar las licencias de televisión. El miércoles, en el plató de El Gato al Agua,ya bromeaban con el hecho de que un tertuliano del programa ahora fuera “nuestro jefe”. Soria se aprestó a usar el teléfono de aludidos para conceder una de sus primeras entrevistas a sus “compañeros” y despedirse de ellos, aunque el presentador le aseguró que seguirían invitándole.

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, fue consejero de una empresa armamentística que fabricaba, entre otros cacharritos, bombas de racimo. La compañía se fue a pique cuando se prohibieron estos dispositivos, pero antes tuvo tiempo de vender una buena partida a Libia, que Gadafi no dudó en usar antes de perder el poder.

Miguel Arias Cañete, el titular de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, como ya recordó este periódico, tiene 325.000 euros en acciones de compañías petroleras, y una colección de siete coches.

En el país que dobla la media de fraude fiscal de la UE, los capos de la Economía serán De Guindos y Montoro, dos señores que, después de su paso por el Gobierno de José María Aznar, montaron una asesoría para ayudar a la gente de bien a pagar los menos impuestos posibles.

Durante aquel intervalo en la vida privada, Luis de Guindos, señor supremo no sólo de la Economía, sino también de la Competitividad, fue el presidente de Lehman Brother en España. De allí tuvo que salir cuando el gigante financiero se hundió, lo que dio el pistoletazo de salida para la crisis económica de la que ahora él tiene que sacarlos.

Mariano Rajoy, al contrario que los romanos, no se echó la mano a la entrepierna para jurar su cargo. Pero para nombrar a sus ministros está claro que le ha echado un par.

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: