¿Qué hay de lo mío, Benedicto?

Estoy un poco desconcertado. Llevo un par de días actualizando mis movimientos bancarios y todavía no me ha llegado el ingreso de las JMJ. He preguntado a familiares y amigos y ellos tampoco tienen constancia de que nadie les haya ingresado los dos euros (por lo menos) que les corresponden de los 100 millones de beneficio que se habían previsto. Incluso puede que sea más, porque el jefe de la patronal madrileña, Arturo Fernández, ha elevado la cifra hasta los 160 millones de euros.

Y no será porque no he aguantado estoicamente a la riada de peregrinos que han inundado Madrid estos días. Hasta considero que tendrían que tocarme más que tres míseros euros por el hecho de haber estado en la capital desde el primer día de las JMJ.Durante una semana el centro de Madrid ha estado cortado sin necesidad de que los indignados se echaran a la calle, y nadie ha osado llamar “perroflauta” al papa. La mejor opción para evitar el bloqueo en la ciudad era el transporte público, y he aguantado pacientemente mi rabia cada vez que tenía que entrar en el Metro pagando más, mientras que los peregrinos no sólo lo hacían gratis sino que se ordenaba no multarles si se colaban en mis narices.Me he mordido la lengua cada vez que el papa nos llamaba a ser más tontos, poniendo límites a la Ciencia. Y no he expresado públicamente mi vergüenza a quienes se postraban ante sus supercherías o aplaudía que llamase “totalitario” a un gobierno democrático.Supongo que los 160 millones de euros se los repartirán entre las grandes multinacionales de comida rápida que han hecho el agosto (nunca mejor dicho) a base de ofrecer comida subvencionada. Y no creo que los sufridos empleados de Burguer King ni los repartidores del Telepizza se lleven dividendos del negociazo. Además, en ese saldo no se incluyen las magníficas rebajas que recibirán los patrocinadores cuando se les presente el fisco.Lo que sí hemos recibido el resto de ciudadanos es una misa (bonus track) de los ‘kikos’ con corte de tráfico incluido, 127 toneladas de basura en Cuatro Vientos y palos, muchos palos vergonzosos de la Policía que tiene la obligación de protegernos. Hemos puesto todas las mejillas que teníamos. Ahora queremos nuestros dos euros. O tres.

Artículo publicado en El Plural

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