Mi otro banco

Desde tiempos inmemoriales he odiado a los informativos de Antena 3: siempre me han parecido una sucesión de anécdotas absurdas. Sin embargo, cada vez me caen mejor, o no tan mal. La razón no es que hayan mejorado, sino que ahora el 90% de los telediarios siguen su mismo esquema, por lo que tengo que repartir mi enjundia.

Curiosamente, mi simpatía hacia Matías Prats ha evolucionado de manera inversa. Aunque siendo niño le idolatraba, según iba avanzando yo en la Universidad más me daba cuenta de que en lugar de un periodista, el señor Prats era un showman. No se le puede negar su habilidad en ese campo, pero no creo que sirva de ejemplo de gran periodista, como se empeñan en hacernos creer en las promos de Antena 3.

Pero vamos al tema. Estas circunstancias me llevaron recientemente a crearme una Cuenta Naranja, para evitar así que el señor Prats se riese de mí en todas las pausas publicitarias diciéndome que si soy un “no ahorrador” y otras calumnias por el estilo.

La cosa va bien: después de más de un año en ING, tengo 9,86 euros de más en mi cuenta gracias a su rentabilidad. A día de hoy, me siento como uno de esos ejecutivos de Caja Madrid a los que van a forrar el riñón con 25 millones de euros de bonus, si la autoridad no lo acaba impidiendo.

El caso es que, movido por la avaricia infinita de seguir amasando céntimos de euro, hoy he llamado para hacer un ingreso de lo que me ha sobrado este mes de mi modesto jornal. Tras realizar velozmente los trámites pertinentes, la  operadora ha intentado venderme un plan de pensiones. Reproduzco la conversación:

–          Señor Paradinas, ¿tiene usted contratado un plan de pensiones en alguna sucursal?

–          Pues no, la verdad.

–          ¿No le interesaría contratar uno de nuestros magníficos planes de pensiones?

–          No, muchas gracias. Hasta luego.

–          Pero señor Paradinas, cuanto antes abra su plan de pensiones, con más dinero contará. No sé si sabe que nosotros, las personas jóvenes, no tenemos asegurada la pensión para cuando lleguemos a la edad.

–          ¿No me diga? ¿Cómo es eso posible? ¿No voy a tener pensión cuando sea viejo?

–          Hombre, tal y como está ahora la situación… Quizá no sepa que las pensiones de hoy las pagan los trabajadores actuales. Cada vez hay más gente mayor y menos jóvenes y el día de mañana puede que no haya trabajadores para pagar su pensión.

–          Sinceramente, señorita, no me creo que cuando me toque a mí, el Estado no se atreva a pagarme la jubilación.

–          Es que la crisis… (Balbuceos) Las pensiones no están aseguradas, mire lo que ha pasado ahora… (Más balbuceos) Quizás usted no esté al tanto de las noticias, pero le explico…

–          Mire, señorita, por cuestiones laborales no me queda otra que estar al tanto de las noticias. Y como yo escribo las noticias sospecho que hay pensiones de sobra, y si no, hay mil maneras de conseguirlas. Lo siento, pero no me interesa, ni ahora, ni dentro de un mes. Pero, sinceramente, gracias por intentarlo, al fin y al cabo es su trabajo. ¡Hasta luego!

–          Hasta luego, señor Paradinas.

O sea, que si los periódicos y los patéticos informes bancarios sobre las pensiones no han conseguido infundir el miedo necesario en usted para que se haga un plan privado, no se preocupe que los bancos ya se encargan ellos mismos de servirle un ración de canguele personalizada. Compre ya nuestros engañabobos: comisiones tan altas, como irrisoria es su rentabilidad. Por no hablar de a saber en qué chanchullo o negocio ruinoso están metiendo mi dinero. Que se lo digan si no a los pensionistas que tenían su jubilación invertida en BP.

El problema es que habrá mucha gente que no siga las “noticias” de verdad, o que ni siquiera siga las financiadas por los bancos que aparecen en las secciones de Economía. Y se cague la pata abajo cuando le digan que puede que no tenga pensión después de partirse el lomo durante 40 años. Y picarán, vaya que si picarán.

Por si acaso, les dejo aquí una pequeña hoja de ruta para echarse unas risas:

–          Señor Fulgencio, ¿no le interesa uno de nuestros planes de pensiones privadas? Tenga en cuenta que ahora es joven, irracional, un viva la Virgen, un armadanzas. Quizás usted no esté al tanto de las noticias, pero dentro de poco no habrá pensiones para nadie, excepto para usted, que habrá demostrado una clarividencia excepcional contratando uno de nuestros truños.

–          Mire señorita, dentro de 40 años, su ombligo y su canalillo serán uno y a saber dónde estará su banco. Además, yo no sé si usted está al tanto de las profecías más reputadas, como la del calendario maya, o azteca, o yo que sé. Pero el mundo se acabará el 21 de diciembre de 2012, como dejó claro John Cusack. Según mis cálculos, para entonces tendré unos 22 euros gracias a su rentabilidad, así que me los gastaré en una superfiesta donde mis amigos podrán hartarse de caviar de beluga servido sobre los pechos de las 200 amazonas vírgenes de Muammar Gadafi, que, no sé si está al tanto de las noticias, pero en breve se quedarán en paro. Para todo lo demás, Mastercard.

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3 comentarios to “Mi otro banco”

  1. dolmonamor Says:

    Muy bueno, Marcos.
    Un abrazo.
    Mª Dolores Amorós.

  2. Mi otro banco Says:

    […] Mi otro banco marcosparadinas.wordpress.com/2011/03/02/mi-otro-banco/  por ovalero hace 3 segundos […]

  3. elsapoveda Says:

    Bueno, menos da una piedra, no? 9€ son 9€… (es que yo también soy ahorradora).
    Pero razón no te falta con lo de las pensiones, yo por ahí no paso…
    Un besuco Markitos!

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