“¡Hay que españolizar Europa!”

Tiene bemoles la cosa. Toda la vida esforzándonos por ser más europeos, creando leyes inspiradas en las de los países más “civilizados” del Viejo Continente, para que al final tenga razón Salvador Dalí y acabemos “españolizando a Europa”.

Por lo visto, nuestros vecinos al norte de los Pirineos han aceptado la supremacía racial de la casta ibérica y ahora son ellos los que vienen al rebufo de nuestras costumbres con más solera. Eso sí, siglos de picardía nos conceden una inmensa ventaja en esta competición de tahúres.

De todos es sabido que la gramática francesa es tanto o más complicada que la española, pero se ignoraba que los galos tuvieran dificultades para conjugar según qué verbos, como es el caso de “dimitir” y sus variados, que en España son unos completos desconocidos para la mayoría de nuestros políticos.

A la ministra francesa de Exteriores, Michèle Alliot-Marie, han tenido que gritárselo en la Asamblea Nacional (Madame, partez!” “¡Señora, váyase!”) y aún así sigue sin darse por aludida. Primero dijo no haber ofrecido refuerzos antidisturbios al régimen tunecino de Ben Alí frente a la revuelta popular. Después se descubrió que había hecho cuatro autorizaciones gubernamentales de venta de granadas lacrimógenas.

Y ahora resulta que ella y su pareja, el también ministro Patrick Ollier, pasaron las navidades en Túnez. Allí, los farragosos viajes en coche se los resolvía un rico amigo del régimen que les prestaba su jet privado. “Sólo fue un vuelo de unos 20 minutos”, se defendió la ministra, para después añadir que sus vacaciones se las paga siempre de su bolsillo, porque como todo el mundo sabe, los muchimillonarios son muy tacaños y te dejan sus juguetes pero luego te pasan el ticket.

En Gran Bretaña, esa antigua democracia que tantos puritanos ponen como ejemplo cuando nuestros representantes se dan al choriceo, la cosa no está mucho mejor. El Gobierno británico pagó con 11 millones de euros la visita de Benedicto XVI, pero resulta que el ministro de Exteriores (benditos cancilleres) andaba un poco rácano y no quería ocuparse él solo de toda la factura, cosas de la crisis. Así que decidieron rebañarle un poco a los más pobres de entre los pobres: más dos millones de euros salieron de los fondos dedicados a la ayuda a los países subdesarrollados.

Pero que no cunda el pánico. Seguimos sacando buena ventaja a estos remilgados europeos. El aferramiento al poder de la canciller francesa es moco de pavo comparado con el producto patrio: basta ver a Carlos Fabra, a quien le falta que el PP le haga la ola a su paso, a pesar de tener más imputaciones que hijos.

¿Y los millones de dinero público gastados por el Gobierno británico en la visita papal? El oro del moro, en comparación con las desgravaciones y privilegios que ofrecerá el Gobierno español para la reunión de Benedicto XVI con sus groupies católicos en Madrid. Más aún si tenemos en cuenta que, en Gran Bretaña, la Iglesia anglicana se financia sola, mientras que nosotros seguimos dándoles 6.000 millones al año a nuestros queridos obispos. Spain is different! Pero cada vez menos.

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