Ana Mato: la gripe de Rajoy

 

Ana Mato se ha convertido en una gripe mal curada para Mariano Rajoy. Y no será porque el líder del Partido Popular no guarde cama, sino por ser incapaz de atajar la enfermedad desde su raíz. Por su parte, Mato parece ser víctima de una maldición que la ha convertido en un monigote de sala recreativa, de esos que aparentan ser topos saliendo de la madriguera y a los que hay que cazar con un martillo de goma. Cada vez que la número tres del PP empieza a asomar la cabeza, un mazazo le devuelve al ostracismo en Génova, bien sea en forma de Jaguar invisible o de informe policial.

No son pocas las ocasiones en que los acontecimientos han pillado a Mato a contrapié en sus escasas intervenciones públicas. Cuando el alcalde de Valladolid creyó conveniente que supiéramos lo que pensaba de los “morritos” de Leire Pajín, fue ella la primera en dar la cara en el PP, a su pesar, en una entrevista televisiva programada antes. También se metió en otro pantano cuando salió a negar que su partido estuviera detrás de los folletos xenófobos de Badalona, mientras el líder del PP en la localidad se enorgullecía de su autoría.

Moreno fontanera
Se me dirá que Ana Mato es una fontanera en toda regla y que prefiere hurgar en las cañerías de Génova antes que salir bajo los focos. Incluso, como asegurara Rajoy el lunes, que es “honesta” y hace “muy bien su trabajo”. Nada que objetar a su trabajo interno en el PP, a pesar de que el eterno moreno que luce no se corresponda con una labor en las sombras.

No obstante, los intentos de Mariano Rajoy por impulsar la imagen de su “niña mimada” acaban siempre en fiasco. A María Dolores de Cospedal ya le habían avisado de que, si quería ganar, debería aumentar los “dos días a la semana” que dedicaba a Castilla-La Mancha y ceder espacio en los medios a Mato. El problema es que, mientras que los gazapos son la constante de Cospedal, a Mato le persigue la ley de Gürtel: tu popularidad será inversamente proporcional a la cantidad de apariciones en el sumario.

Un Jaguar transparente
Mato acabó la semana pasada desvelando que su concepto de “transparencia” es diferente del que tienen el resto de los mortales, algo que ya demostró cuando, en el garaje de casa, su ex marido aparcaba un Jaguar presuntamente regalado por la trama corrupta pero que ella parecía no ver. La encargada de presentar el guateque que el PP había preparado en Sevilla se negó a ofrecer a los periodistas la “austera” cantidad que había costado, ni quien lo montaría. Y eso a pesar de que le obligaba el Código de Buenas Prácticas que ella misma había redactado.

No contenta con eso, Ana Mato fue la encargada de presentar en la Convención Nacional del PP a Francisco Camps, que es a la Gürtel lo que Chanquete a Verano Azul, lo que ya de por sí desgastaría al más íntegro de los políticos. Pero es que ella encima le dio paso con la siguiente frase: “Lo han intentado todo contra él, el PSOE ha utilizado las peores artes”. Si no fuera porque corría el riesgo de ser repetitivo, seguro que Camps habría vuelto a interpretar el gag de la camioneta y la cuneta.

La paga Nescafé de Correa
El punto final, Mato lo puso este lunes, cuando henchida de euforia sevillana, se presentó en Los desayunos de TVE para criticar que “Zapatero no quiere irse ni muerto”. Poco después se conocía que, coches de alta gama aparte, Francisco Correa también tenía asignada una paga Nescafé a la familia Sepúlveda-Mato que, siempre según la Policía, entre 2002 y 2004 oscilaba entre los 3.000 y los 24.000 euros cada mes.

Además, durante esos años, Mato, Sepúlveda, sus hijos y otros familiares disfrutaron de vacaciones en las que los billetes de avión, los coches alquilados y las noches de hotel iban a cuenta de Viajes Gürtel, por valor de 28.000 euros. En 2009, Mato también tuvo que ocultar la cabeza cuando se supo que Correa había pagado la comunión de uno de sus retoños, y no se descarta que, a este paso, Don Vito acabara siendo el párroco a cargo del sacramento, por eso de seguir ahorrando gastos.

Mato, en realidad, es sólo la telonera de las carcajadas que nos pueden esperar con un Gobierno presidido por Rajoy y en el que fueran ministros Francisco Camps, Esperanza Aguirre, Javier Arenas y Esteban González Pons. Es el problema de la ley Gürtel, que siempre te acaba alcanzando.

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