Superpapas

El próximo 1 de mayo, en lo que parece una burla a los marxistas de la Teología de la Liberación a los que tanto persiguió, Karol Wojtyla será beatificado por Benedicto XVI. Es decir, Juan Pablo II estará ya a un solo paso de ser declarado santo, todo un Superpapa.

Bien es cierto que los papas son lo más parecido que hay en el mundo real a los superhéroes por tres razones fundamentales: sus ridículas y coloridas vestimentas, su afición a ponerse nombres estrafalarios que oculten su identidad humana y la costumbre de moverse en papamóvil, que es como el batmóvil pero sin disparar cohetes (por ahora).

Pero hasta hoy, y aun con todas estas características, los papas no pasaban de ser unos superhéroes mediocres al estilo de Batman, quien no era más que un multimillonario (otra semejanza con los pontífices) enfundado en unos leotardos y armado hasta los dientes de cachivaches. Es decir, era un humano cualquiera.

Sin embargo, a partir del 1 de mayo, Juan Pablo II se acercará a ese Hall of Fame sólo reservado para gente como Superman, Spiderman o Lobezno. Y es que la Iglesia ha confirmado que Juan Pablo II tenía superpoderes porque fue capaz de curar, de forma “inexplicable” para la ciencia, a una monja francesa, Marie Simon Pierre, que sufría de Parkinson. Bien es cierto que un médico externo a la investigación de la Iglesia impugnó la curación asegurando que no estaba documentada, pero en toda historia de superhéroes siempre hay algún tocapelotas, como el director del periódico de Peter Parker.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. La frase no la dijo Jesucristo ni está en los Evangelios. Es de Ben, el tío de Spiderman, y la pronuncia, por primera vez, en el número 15 de Amazing Fantasy, en 1963. Si Juan Pablo II lo hubiera leído, se hubiera dado cuenta del “gran poder” que tenía y hubiera optado por curarse él mismo el Parkinson que padecía. Así, también podría haber liberado de esa lacra, por ejemplo, a los 150.000 enfermos que se estima hay sólo en España. O, puestos a elegir, a Michael J. Fox para que pudiera haber grabado Regreso al Futuro IV. Pero, en un acto gremial, prefirió curar sólo a una monja.

Por otra parte, este milagro puede ser la razón que explique porque el clero se opone a la investigación con células madre que podría llevarnos a curar el Parkinson, amén de otras muchas enfermedades (no se pierdan el interesante documental sobre el tema emitido por TVE en La noche temática). Ante la posibilidad de hacerse con el monopolio de la cura, quizás el clero sólo quiera ganar tiempo hasta que encuentren la varita mágica de Juan Pablo II.

En toda esta historia de la beatificación de Juan Pablo II siempre ha habido un pequeño obstáculo: la bonita amistad que mantenía el papa con Marcial Maciel. Y es que al final ha resultado que Maciel era de día el intachable fundador de los poderosos Legionarios de Cristo, pero al llegar la noche se convertía en un adicto al demerol que se dedicaba a tener hijos ilegítimos por doquier para luego abusar sexualmente de ellos.

Sin embargo, gracias a Dios, la Iglesia ha conseguido sortear todo este asunto dándole una salida, como no, digna de un cómic de Marvel. Según Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, hemos investigado a fondo y ampliamente. Juan Pablo II no tenía conocimiento de la doble personalidad del padre Maciel”.

Es decir, que Maciel sería a Juan Pablo II lo que el Duende Verde a Spiderman. Por las mañanas, el pobre Peter Parker no tenía ni pajolera idea de que el afable padre de su mejor amigo, Harry, era por la noche el supervillano que le lanzaba calabazas explosivas.

El giro argumental es excelente ya que, paralelamente, puede ayudar a la Iglesia a resolver otros conflictos. Por ejemplo: ¿Es lógico que se convierta en santo un tipo que, en un gesto de bendición, dio de comulgar al dictador chileno Pinochet? Ya me imagino la respuesta de la curia: “Juan Pablo II no tenía ni puñetera idea de que ese anciano tan simpático tenía una doble personalidad de dictador que, así por lo bajini, dejó más de 3.000 muertos durante más de 13 años de represión”. ¡Santo súbito!

 

El próximo 1 de mayo, en lo que parece una burla a los marxistas de la Teología de la Liberación a los que tanto persiguió, Karol Wojtyla será beatificado por Benedicto XVI. Es decir, Juan Pablo II estará ya a un solo paso de ser declarado santo, todo un Superpapa.

Bien es cierto que los papas son lo más parecido que hay en el mundo real a los superhéroes por tres razones fundamentales: sus ridículas y coloridas vestimentas, su afición a ponerse nombres estrafalarios que oculten su identidad humana y la costumbre de moverse en papamóvil, que es como el batmóvil pero sin disparar cohetes (por ahora).

Pero hasta ahora, y aun con todas estas características, los papas no pasaban de ser unos superhéroes mediocres al estilo de Batman, quien no era más que un multimillonario (otra semejanza con los pontífices) enfundado en unos leotardos y armado hasta los dientes de cachivaches. Es decir, era un humano cualquiera.

Pero a partir del 1 de mayo, Juan Pablo II se acercará a ese Hall of Fame sólo reservado para gente como Superman, Spiderman o Lobezno. Y es que la Iglesia ha confirmado que Juan Pablo II tenía superpoderes porque fue capaz de curar, de forma “inexplicable” para la ciencia, a una monja francesa, Marie Simon Pierre, que sufría de Parkinson. Bien es cierto que un médico externo a la investigación de la Iglesia impugnó la curación asegurando que no estaba documentada, pero en toda historia de superhéroes siempre hay algún tocapelotas, como el director del periódico de Peter Parker.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. La frase no la dijo Jesucristo ni está en los Evangelios. Es de Ben, el tío de Spiderman, y la pronuncia, por primera vez, en el número 15 de Amazing Fantasy, en 1963. Si Juan Pablo II lo hubiera leído, se hubiera dado cuenta del “gran poder” que tenía y hubiera optado por curarse él mismo el Parkinson que padecía. Así, también podría haber liberado de esa lacra, por ejemplo, a los 150.000 enfermos que se estima hay sólo en España. O, puestos a elegir, a Michael J. Fox para que pudiera haber grabado Regreso al Futuro IV. Pero, en un acto gremial, prefirió curar sólo a una monja.

Por otra parte, este milagro puede ser la razón que explique porque el clero se opone a la investigación con células madre que podría llevarnos a curar el Parkinson, amén de otras muchas enfermedades (no se pierdan el interesante documental sobre el tema emitido por TVE en La noche temática). Ante la posibilidad de hacerse con el monopolio de la cura, quizás el clero sólo quiera ganar tiempo hasta que encuentren la varita mágica de Juan Pablo II.

En toda esta historia de la beatificación de Juan Pablo II siempre ha habido un pequeño obstáculo: la bonita amistad que mantenía el papa con Marcial Maciel. Y es que al final ha resultado que Maciel era de día el intachable fundador de los poderosos Legionarios de Cristo, pero al llegar la noche se convertía en un adicto al demerol que se dedicaba a tener hijos ilegítimos por doquier para luego abusar sexualmente de ellos.

Sin embargo, gracias a Dios, la Iglesia ha conseguido sortear todo este asunto dándole una salida, como no, digna de un cómic de Marvel. Según Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, “hemos investigado a fondo y ampliamente. Juan Pablo II no tenía conocimiento de la doble personalidad del padre Maciel”.

Es decir, que Maciel sería a Juan Pablo II lo que el Duende Verde a Spiderman. Por las mañanas, el pobre Peter Parker no tenía ni pajolera idea de que el afable padre de su mejor amigo, Harry, era por la noche el supervillano que le lanzaba calabazas explosivas.

El giro argumental es excelente ya que, paralelamente, puede ayudar a la Iglesia a resolver otros conflictos. Por ejemplo: ¿Es lógico que se convierta en santo un tipo que, en un gesto de bendición, dio de comulgar al dictador chileno Pinochet? Ya me imagino la respuesta de la curia: “Juan Pablo II no tenía ni puñetera idea de que ese anciano tan simpático tenía una doble personalidad de dictador que, así por lo bajini, dejó más de 3.000 muertos durante más de 13 años de represión”. ¡Santo súbito!

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