El culo de Hugo Silva, servicio público

Navidad y Año Nuevo. Son dos de los tres días en los que no se publican noticias en España y entre ambos no hay más de una semana. En ese intervalo de tiempo, muchas redacciones funcionan a medio gas. ¿Porque faltan noticias, quizás? Más bien porque hay periodistas de vacaciones. Si no, basta mirar el ajetreo que hemos sufrido durante estos días: Álvarez-Cascos abandona el Partido Popular, muchos de los supuestos delitos de Carlos Fabra, alias Don Fabrizio, prescriben, cuatro guardias civiles son condenados por torturas a terroristas.

¡Qué curiosas las Navidades! Si uno fuera mal pensado, pensaría que existe una especie de conspiración en la que, durante los días en que nuestra mayor preocupación son los polvorones, los políticos aprovechen para subir la luz casi un 10% o volver a bloquear la renovación del Tribunal Constitucional.

Entre todos estos despistes, me llaman la atención poderosamente dos. El primero, el cierre definitivo de CNN+. Durante dos años, la compañía de esta cadena siempre sintonizada en mi redacción ha hecho que el despido de estos periodistas sea como el de unos compañeros de mesa.

Es cierto que antes de las vacaciones ya pudimos ver despedirse a grandes profesionales como Iñaki Gabilondo, Antonio San José o José María Calleja. Youtube rebosa de estos vídeos subidos por gente anónima. Pero quizás pasaron más desapercibidos los últimos minutos del día 29, cuando rozando la medianoche, Benjamín López despedía para siempre la emisión de esta manera tan significativa: “Probablemente todos pagamos ahora los errores de otros, pero lo cierto es que una decisión empresarial, que no entiende de sueños y de ilusiones sino de cifras puras y duras, pone fin a nuestra andadura. Justo después, sin un minuto de respeto para que se enfriara el cadáver, comenzaba a emitirse el bucle de Gran Hermano 24 horas.

También puede estar pasando desapercibido durante estos días el tenso debate que están manteniendo en mi periódico Antonio San José y el socialista Luis Solana. Andan enzarzados en un interesante cruce de artículos sobre quién tiene la culpa del cierre de CNN+. Todo empezó con la crítica de San José al PSOE por “su desinterés y su desdén por el cierre de medios como CNN+. Con su pan se lo coman”. El debate se puede seguir aquí, aquí y aquí.

La otra noticia que puede haber pasado desapercibida es la del milloncete de euros del Ministerio de Cultura que se ha llevado, vía subvención, la película Mentiras y Gordas. La polémica ha surgido porque la ministra del ramo no es otra que Ángeles González-Sinde, que también es guionista del filme en cuestión. Siguiendo los consejos de esta artista, dios me libre de opinar sobre algo en lo que no sea experto. Así que paso de cuestionar si existe un conflicto de intereses entre quién da el dinero y quién lo recibe porque no soy jurista.

Sin embargo, sí quiero opinar sobre otra cosa. Tras muchos años de experto en la regulación de momentos All Bran, puedo confirmar que Mentiras y Gordas es una mierda como la copa de un pino. Uno de los mayores truños audiovisuales a los que me he visto sometido. Y eso me hace dudar muy mucho de la idoneidad de la subvención.

También me hace sospechar que, según el BOE, la película costó 3.126.415 euros y su recaudación fue de 4.310.370 euros. O que Ignasi Guardans, el último director del ICAA (el órgano que da las ayudas) denunciara “prácticas de fraude” en las ayudas al cine.

Aunque Mentiras y Gordas no sea el caso, es cierto que muchas películas, como Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar (que también se ha agenciado otra millón del ICAA), son deficitarias. Es decir, cuestan más de los beneficios que generan. Y amparándose en este concepto, muchos defienden las ayudas al cine como un escudo necesario para que la cultura se siga produciendo. Una especie de paréntesis de la economía de mercado capitalista por el que se permite a cierta gente seguir viviendo de un negocio que da beneficios.

Sin embargo, esta vara de medir no sirve para los trabajadores de CNN+ que ahora se van a la calle porque su canal es “deficitario” y no genera los “beneficios” necesarios en el corto plazo. “Cifras puras y duras” que diría Benjamín López.

¿Acaso no daban un mejor servicio público los debates de Calleja que el culo de Hugo Silva? ¿No eran más esclarecedoras las opiniones de Gabilondo  que el sinfín de rayas y pastillas que se meten unos adolescentes hormonados? ¿No eran más embelesadoras las entrevistas de San José que las tetas de Ana de Armas?

O jugamos todos, o la puta al río…

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Una respuesta to “El culo de Hugo Silva, servicio público”

  1. RAFAEL FERNANDO NAVARRO Says:

    Alguien, querido Marcos, nos está amputando la izquierda. Poco nos queda, pero nos queda. Hay que exigir una derecha civilizada, sin alcaldes vallisoletanos inhuriantes, sin reverter-pirómano venial. Nos queda la alegría de existir sin que nadie nos ciehue el camino.

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