Un mono con pistola

 

Leire Pajín y su famosa Power Balance

Leire Pajín y su famosa Power Balance

Soy un sectario y no tengo remedio. Ayer estuve de compras. Unos trapitos nada más. Estaba en pleno dopaje consumista con mis dos camisetas básicas en la mano cuando todo se vino abajo. El cajero del negocio (del que no diré el nombre para que se joda Amancio Ortega) llevaba una Power Balance negra en la muñeca izquierda. Mis prejuicios sobre la idiotez humana derraparon tan rápido en la cabeza que traspasaron a mi rostro. Mi novia se dio cuenta y creo que el dependiente también.

Estas ideas preconcebidas me generan úlceras estomacales, pero estoy aprendiendo a llevar una vida normal muy a su pesar. Hace unas semanas me tocó bajar a altas horas de la noche a buscar medicinas para el moco andante que era mi chica. En un par de kilómetros a la redonda, sólo había una farmacia de guardia, en la que se anunciaba con muchos colorines pulseras Power Balance a 35€. Dudé en entrar pero, entre aguantar un enfado nasal y no boicotear a una panda de timadores, me quedé con lo segundo. Quizás fue amor.

 

A quien no le debo amor es a Leire Pajín. Ni al partido que la sustenta ni al presidente del Gobierno que premia su labor (él sabrá si buena o mala) con un ministerio como el de Sanidad.

Mis prejuicios me dicen que la mayoría de los políticos son cínicos e hipócritas, pero no que sean idiotas. Por tanto, aplaudo que algunos de ellos, como Pajín, Esperanza Aguirre y Patxi López, decidan llevar Power Balance. Así podemos identificar, por medios objetivos y no prejuiciosos, quiénes son realmente discapacitados intelectuales.

Todo esto viene a cuento de la que se ha liado porque Leire Pajín, de entre todos los ministerios que hay, haya recibido el de Sanidad. Vale que es un ministerio que sólo vale para lucir palmito (las comunidades autónomas gestionan la mayor parte de la Sanidad), pero ver esa cartera colgando de una mano con Power Balance… Es como darle el ministerio de Ciencia e Innovación a un amish o una pistola cargada a un mono borracho de vodka.

Dejando a un lado los insultos y las mamarrachadas de la caverna, que jamás han reparado en la pulsera de Esperanza Aguirre y algunos, como La Razón, se atrevieron a regalarlas, me han llamado la atención dos rifirrafes en concreto producidos por las personas que conozco que más odian las pulseras de marras. El de @carloshidalgo y @rinze vía Twitter, después de que el tío Rinze anunciase sus ganas de enviar un “dildo con púas oxidadas” a Ferraz. Y el comentario de Mimesacojea, que ha tenido que dar una segunda réplica en lo más parecido que recuerdo a una disculpa de este excelente bloguero.

“Quiero hacer saber a los españoles qué estamos haciendo”, dijo ayer Zapatero cuando presentó el Gobierno con más “perfil político” de su carrera (por no decir que es el único). Su intento por arreglar la desastrosa política de comunicación que ha caracterizado a todos sus gabinetes se merece un aplauso. Pero empiezan de culo si, al final, lo que acaba empañando todo es la mamarrachada que cuelga de la muñeca de Pajín. Una pulsera vale más que mil “perfiles políticos”.

La maquetación de la foto de la ministra es de Luis Alfonso Gámez. Tienes más en magonia.es.

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