Memoria y memoria

“¿Qué es memoria?”, preguntó el poeta. ¡Ay, la Memoria! Así, con mayúscula, es la Memoria de la que últimamente no paramos de hablar. ¿Es esa la Memoria que este fin de semana sacó a decenas de miles de personas a las calles? ¿La que volvió a teñir Madrid de tricolor 79 años después? ¿Es en nombre de la Memoria que se celebran “aquelarres guerracivilistas” de “carcamales resentidos”, antesala de las inevitables “chekas”?

Estos días no nos cansamos de oír que hemos vuelto a los terribles años 30. Que se está atizando el enfrentamiento entre las dos Españas y se están reabriendo viejas heridas que ya estaban cerradas. Que se está revisando la modélica Transición y la izquierda se está “radicalizando”.

9 de cada 10 tertulianos de la caverna lo tienen claro: la culpa es de Zapatero. “Por su programa político pasa la creación artificial de esta división cainita”, dice uno. “Zapatero necesita una España dividida y enfrentada para que no se mire a la crisis económica”, añade el otro. “El Gobierno actual busca su legitimidad, no en la Constitución, sino en la II República”, grita el de más allá.

La Memoria, con mayúscula, es parte del código genético de la Humanidad. La opresión contra los débiles se queda marcada en la piel y se transmite de generación en generación, porque en cada nueva época los tiranos se reproducen, aunque bajo otra cara y otro nombre. Es en nombre de esa Memoria que el hombre se manifiesta y su lucha adquiere justificación ética y moral.

En cambio, la memoria, con minúscula, es otra cosa. Es la capacidad del hombre para recordar hechos o acontecimientos presenciados. Y esta es la más frágil, porque no se lleva tatuada. Hay que ejercitarla cada día un poco, porque se corre el riesgo de perderla.

Por ejemplo, no debería mucho costarnos recordar acontecimientos del año 2003.

Fue el año en que un renqueante Juan Pablo II visitó España por quinta vez. Ante un millón de personas, el 4 de mayo, el Papa beatificó a cinco españoles víctimas de la “persecución religiosa” previa a la Guerra Civil. Perfecto. A su religión se debían y ésta hace muy bien en recompensarles. 10 ministros, ocho presidentes autonómicos, el Rey, la Reina, el presidente del Gobierno y su esposa… no faltaba nadie al fastuoso acto.

Así lo contó para El País Juan G. Bedoya:

Lo cierto es que el Papa hizo ayer varias referencias a la Guerra Civil de 1936, pero sólo en honor y memoria de una de las partes, sin una palabra misericordiosa sobre la tragedia general que supuso el terrible conflicto fratricida que costó la vida a cientos de miles de españoles y el exilio —exterior e interior— a algunos millones más durante la dictadura posterior, que la Iglesia de Roma bendijo y disfrutó con creces. Algo así como una petición de perdón por todas las víctimas de una catástrofe nacional, ese perdón que Juan Pablo II ha pedido en 99 ocasiones en otros muchos países (a los judíos, por haber fundado la Inquisición, por el extravagante proceso a Galileo…).

En el mismo texto se puede leer:

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica finalizó ayer mismo, a las 18.00, la exhumación de siete cuerpos desaparecidos en una fosa común tras aquella guerra incivil que provocó el golpe militar / agrario / falangista / religioso. Ocurrió en Recas, Toledo, y los enterrados tenían nombre, aunque llevaran desaparecidos 67 años. Se llamaban Miguel y Demetrio Díaz, Marcelino Muñoz, Eulogio Ortiz, Isidro Díaz, Gregorio del Moral y Daniel Bargueño. Otros muchos miles de familias esperan la misma reparación: la de tener a sus muertos recogidos en una tumba conocida. Son las víctimas de la posguerra, fusilados por el nuevo Estado —ahora sí un Estado católico— por ser maestros, por pertenecer a la masonería, por militar en un partido de izquierdas o, sencillamente, por ocupar la alcaldía de su pueblo o dirigir un periódico que disgustase a las nuevas autoridades. Muchos desaparecieron cuando estaban presos en conventos o seminarios que la jerarquía cedió para cárceles de la nueva situación.

Pero, ¿cómo? ¿Reivindicaciones de Memoria Histórica en el 2003? ¿Apertura de fosas? “Seguro que el rojeras de Zapatero, en ese momento líder del opositor PSOE, estaba al pie del hoyo, azuzando a los picos y las palas con proclamas guerracivilistas”, pensará el avispado espectador de Intereconomía. Pues no. Estaba en la plaza de Colón, a los pies del Papa, con el que luego tuvo la oportunidad de departir cinco valiosos minutos.

El Papa recibe en audiencia a José Luis Rodríguez Zapatero tras el acto de canonización en Madrid. / EFE

¡Ay la memoria! Me gustaría despedirme con esta perlita que encontré el otro día, aunque ya es vieja. Es un debate sobre la Memoria Histórica celebrado en TVE, la misma a la que el PP ataca hoy por la “manipulación y el sectarismo” de sus telediarios. Basta comparar cualquier tertulia de Telemadrid con ésta que os dejo ahora para ver que el cinismo y la hipocresía no tienen límites en el ser humano. Lo dicho, dejemos que hablen de la Memoria quienes aún tienen memoria para explicarla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: