Inglish pitinglish

Me he aficionado al chorizo ibérico picante (18€/kg.). Lo sé, soy un burgués. Y me gusta. Mis gustos sibaritas me obligan a bajar a la charcutería del barrio para comprar tan selecto producto a granel, apartándome del cómodo anonimato que ofrece el LIDL. En el pequeño negocio, el tendero te cuenta su vida y pregunta por la tuya, que en ese preciso instante se hace pública y compartida con el resto de clientes. La charcutería, convertida en espacio público y ágora para el debate ciudadano.

En estas me encontraba cuando entra en la tienda una joven madre soltera. Va cargada de bultos, pero entre todos destaca el pequeño que lleva casi anudado a la espalda. Tras pedir 100 gramos de chorizo vela (7€/kg.), empieza la ronda de testimonios. Le cuenta al charcutero que es incapaz de encontrar plaza en un colegio público. Por lo visto, según ella, en toda la zona centro de Madrid sólo hay tres. El resto son privados, o de monjas privados.

“Aquí detrás había uno de la Comunidad, que han arreglado hace poco”, dice el tendero. “¿Público?”, pregunta ella. “No, privado”, confiesa el charcutero, mientras baja la mirada al suelo. “Supongo que al final tendré que meterlo a uno privado”, dice la chica con resignación. “Tampoco están tan mal”, añade el hombre de los fiambres.

Lástima de madre incompetente, pienso yo. Según mis cálculos, dado que hablaban de educación primaria, el chavalín tendría entre cinco y seis años. Precisamente la edad en la que nuestra querida presidenta de la Comunidad de Madrid empezó a estudiar inglés. Y es que a Esperanza Aguirre no le vale con ser Dama del Imperio Británico. Gracias a sus estudios en el Instituto Británico de Madrid también maneja la lengua de Shakespeare con una soltura que haría palidecer de envidia a José María Aznar.

Si la madre tuviera dos dedos de frente, apuntaría a su hijo a uno de los 242 colegios públicos y bilingües que ha abierto Esperanza Aguirre. Uno piensa: si hay 242 colegios, sólo bilingües, ¿cuántos habrá públicos sumados a los que sólo dan clase en español? ¿No es posible que de todos esos no haya más de tres en todo el centro de Madrid?

Lo que está claro es que la madre no se entera ni del NO-DO. Porque Aguirre ha empapelado toda la ciudad con la campaña del Yes we want con la que unos simpáticos angelotes nos invitan a matricular a nuestros hijos en dichos colegios. Autobuses, marquesinas, paradas de metro, periódicos y televisiones de la caverna amiga.

Campaña de colegios bilingües

Campaña de colegios bilingües

Y es que ya se sabe que Aguirre hace las cosas a lo grande. ¿Que hay que hacer 100.000 chapas con el lema Made in Madrid? Pues 1’25 millones de euros para la campaña. Aunque luego nunca se haga y vaya usted a saber dónde ha ido mi dinero.

Algo parecido ha pasado con la campaña del Yes we want. En seguida han salido los vagos-sindicalistas-profesores-liberados a criticar a la faraona porque el lema tiene un error gramatical de bulto: el verbo want debe ir acompañado, como poco, de un to. Ya ves tú.

Dicen estos comunistas que con los 1’8 millones de euros de todos que se ha gastado la Consejería de Educación para semejante muestra de ingenio publicitario, podían haber comprado un corrector ortográfico para no cometer tal gazapo. En realidad, nadie aprecia el gesto de austeridad que ha supuesto esta campaña. Por lo visto, cualquier idea original que no consistiera en plagiar a Obama salía mucho más cara.

Bromas aparte. Las comparaciones son odiosas y la herramienta favorita del demagogo. Podríamos discutir largo y tendido sobre en qué hubiera estado mejor invertido ese dinero. O podríamos simplemente acudir al mismo Boletín de la CAM y ver otros datos de los gastos de la Consejería de Educación.

Por ejemplo, podemos fijarnos en cuánto ha costado la construcción en Getafe de un edificio para acoger 6 aulas de primaria: 1.028.000 euros. Así las cosas, yo propongo que, con ese dinero, deberían haber construido en mi barrio un aulario para 10 clases de primaria. De esta manera, la chica de la charcutería podría llevar allí a su niño, a quien, a la vuelta del colegio, le esperaría un magnífico bocata de chorizo ibérico. Y no esa patraña de chorizo vela.

Bonustrack:

¿Se puede capturar el espíritu de España con un Banjo? Sí, si te llamas Bela Fleck.


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2 comentarios to “Inglish pitinglish”

  1. Víctor Says:

    Lo de quién hace los presupuestos de las obras públicas es un misterio. Mira este cartel que encontré en Trujillo (Cáceres), parece cachondeo pero es cierto.

  2. josemariagarrido Says:

    Genial el post. Lo twitteo.

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