Germancito Tertsch, el workalcóholico

Hermann Tertsch tras el atentado a la libertad de expresión

Hermann Tertsch tras el atentado a la libertad de expresión

Hermann Tertsch es workalcoholico. Lo tengo más que comprobado. Esta palabra inglesa sirve para definir una patología muy similar al alcoholismo, sólo que en lugar de a la bebida, el individuo en cuestión a lo que le pega es al currelo. Es decir, en román paladino, que es un adicto al trabajo. Hasta tal punto que es incapaz de separar su labor profesional de su vida privada.

Porque, ¿en qué consiste el trabajo de Hermann Tertsch? Básicamente, en entrar en un estado de embriaguez éxtasis mental, similar al trance, e insultar con saña a todo aquel que no piensa tiene el mismo patrón mental que él. Sea desde las páginas de ABC o desde las pantallas de Telemadrid, su modus operandi es básicamente igual siempre.

Sólo una persona como Hermann Tertsch es capaz de escribir, en vísperas del 11-M, que “un accidente de trenes nos trajo un Gobierno que aun nos habremos de explicar en las próximas décadas”. Un Gobierno al que define como “una banda de inútiles o psicópatas y acomplejados” y presidido por un Zapatero que “nos mandaría a la Cheka antes de estrenar un traje”.

Un día, a principios de diciembre, un grupo de amigas me contó que la noche anterior, estando de botellón por las calles de Chueca, en Madrid, se les acercó Hermann Tertsch acompañado de una mujer.  El tipo en cuestión se encontraba en un estado de exaltación similar al que muestra en televisión. Sin mediar palabra empezó a insultarles, a decirles que sentía vergüenza y asco de vivir en el mismo país que ellas. Al final, ante el asombro general de la multitud, su acompañante consiguió llevárselo agarrado del brazo. Evidentemente, Tertsch no era capaz de entender que a las 3 de la mañana su programa ya había terminado.

Justo dos días después, en el mismo barrio de Madrid, a Hermann Tertsch le partían dos costillas en un bar. En seguida salieron más enfermos a mostrar su solidaridad con el periodista, porque en este país sobra gente adicta al trabajo. Por ejemplo, Esperanza Aguirre. La presidenta tampoco sabe diferenciar sus funciones de cargo público de su oligofrenia mental y acabó acusando al Gran Wyoming y a los montajes de El intermedio de ser responsables intelectuales de la agresión a su vocero.

El propio Tertsch, enfundado en un pijama de cuadros digno de un teleñeco, acusó desde el hospital a “moros, antifascistas, o gente normal o de la SGAE” de estar detrás de su incidente. Al final, resulta que la paliza se la había dado a Tertsch un empresario de la noche al que acompañaban dos alegres mozuelas a quienes el presentador increpó, según las investigaciones policiales.

Recuperado ya de sus heridas, nuestro amigo volvió al frente de su informativo nocturno. Hasta que, a finales de enero,  Tertsch desapareció. En lugar de con su careto, Diario de la noche empezó con 48 segundos eternos en negro. La cadena aseguró que se debió a un fallo técnico, pero los trabajadores lo negaron. Durante casi un minuto nadie sabía dónde se había metido el periodista. Finalmente, como un Clark Kent recién salido de una cabina de teléfono, Hermann apareció atusándose la chaqueta, con la corbata desencajada y el rostro enrojecido. Tras este incidente, Tertsch volvió a desaparecer de la televisión pública madrileña. Según él, había recaído de sus lesiones.

Ahora, ya a finales de marzo, Hermann Tertsch vuelve a llenar nuestros corazones de alegría con su regreso a Telemadrid, Espe jode lo que somos. Ya no será el director de Diario de la noche, pero nos seguirá deleitando con sus editoriales nocturnos. O no tan nocturnos porque ahora son pregrabados, supongo que para que pueda adaptarse a su adicción al trabajo en versión callejera.

Además, le han dado el premio de ser tertuliano en el debate de mi querida Curry Valenzuela, Alto y Claro, que se emite a una hora más aceptable: antes de comer. Pero el día de su estreno, Tertsch ya tuvo su primer problema. Llegó 14 minutos tarde porque, según explicó la presentadora al inicio del programa, se encontraba en un embotellamiento atasco en el centro de Madrid.

¿Qué llevó a Hermann Tertsch a llegar tarde en su primer día? ¿Qué tipo de embotellamiento era aquel para que Tertsch estuviera atrapado ya al principio de Alto y Claro, teniendo en cuenta que se emite desde Pozuelo? ¿No podría ser que Hermann se hubiese parado en algún bar a la hora del vermouth? No para refrescarse el gaznate, por supuesto, sino para poner a raya a algún moro, o antifascista, o gente normal o de la SGAE. ¡Qué difícil esto de compaginar el periodismo con ejercer de llanero solitario!

Una vez más, gracias.

Spoty del día: Me cago en el amor, de Tonino Carotone, en Mondo Difficile

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