Hay algo que no es como me dicen

Hay algo que no es como me dicen / J.J. Millás

Hay algo que no es como me dicen / J.J. Millás

Hoy justo acabo de terminar este libro. Hay algo que no es como me dicen. Siento una especial devoción por Juan José Millás, pero no fui buscando este libro. Me encontró él a mí por casualidad hace un par de días. No sabía que existía y apenas podía recordar mucho del tema que trataba. En apenas 200 páginas, Millás disecciona con maestría el caso de Nevenka Fernández.

Nevenka Fernández era una joven concejala de Hacienda de Ponferrada (León) que en 2002 denunció por acoso sexual a su jefe, el poderoso alcalde Ismael Álvarez. Y ganó. El primer edil tuvo que dimitir después de que el Tribunal Supremo ratificara la condena contra él.

La figura legal del acoso era relativamente reciente. Se introdujo en el Código Penal en 1995. Al caso de Nevenka se sumaba ser concejala por el Partido Popular, de una ciudad provinciana y castellana, hija de un empresario pudiente de la zona… como ella misma confiesa, por aquel entonces “era una chica CEU”.

El libro explica como nuestra sociedad no era capaz de enfrentarse al acoso sexual. Se tiende a pensar que “algo habrá hecho ella”. Millás narra el caso de una amiga suya que, después de ver a Nevenka en la rueda de prensa en la que denunció todo, criticó que llevara “una minifalda hasta aquí”. Aquel día, Nevenka llevaba pantalón, pero muchos necesitaban imaginarla con una minifalda, para justificarse a sí mismos.

Un par de momentos más del libro reflejan como transformamos a la víctima en culpable. Como somos incapaces de entender el proceso de destrucción psicológico que implica el acoso sexual y que lleva a una persona a petrificarse. Que le impide defenderse cuando su acosador se masturba delante de ella.

Uno de esos momentos es el interrogatorio que el fiscal hace a Nevenka durante el juicio. El interrogatorio, que el fiscal realizó a gritos porque, según él, estaba acostumbrado a tribunales grandes donde no se le escuchaba,  es insultante. Tanto que el juez tuvo que llamarle al orden y recordarle que Nevenka era una testigo, no la persona acusada. El escándalo fue enorme y el personaje acabó retirado del caso y suspendido.

“¿Por qué usted, que ha pasado este calvario, este sufrimiento, que se le han saltado las lágrimas, por qué usted que no es una empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantar por el pan de sus hijos, por qué usted aguantó?”

El otro momento lo protagonizó Ana Botella, esposa de José María Aznar, cuando se conoció la condena y el alcalde tuvo que dimitir. Entonces, Aznar era todavía presidente del Gobierno y Botella disfrutaba de un papel de primera dama que no le tocaba. Una de las mujeres más poderosas del PP, el partido del acosador pero también de Nevenka, afirmó que la actitud del alcalde había sido “impecable”. Ni una palabra de apoyo a la víctima.

Mientras leía el libro se ha empezado a juzgar en Valencia a Vicente Sanz por acoso sexual a tres periodistas de Canal 9. De momento, la juez le ha impuesto ya órden de alejamiento. Sanz, hasta que saltó el caso, era secretario general de Radio Televisión Valenciana. Llevaba años en cargos de relevancia, escondido del otro escándalo que le apartó de la política y de la presidencia del PP valenciano: una grabación judicial en la que aseguraba estar en política “para forrarse”, aunque la autoría se le atribuye erróneamente a Eduardo Zaplana.

Para colmo, su  mujer es Esther Franco, diputada también del PP a las órdenes de Francisco Camps. El caso vuelve a estar en los medios, pero por culpa del morbo político. Sobre la brutalidad que supone el acoso sexual, tan repugnante como la violencia de género, no he oído ni un análisis. No he leído ni un reportaje.  Hasta que los medios se atrevan a ser responsables, tendremos que refugiarnos en libros como el de Millás.

Vicente Sanz  llega al Juzgado acompañado de su mujer, Esther Franco

Vicente Sanz llega al Juzgado acompañado de su mujer, Esther Franco

Termino con el mejor pasaje del libro. Nevenka sufrió una larga pesadilla que duró tres años, desde que en 1999 le ofrecieron entrar en las listas. En una cena-homenaje, nada más ser investida concejala, el alcalde le hizo cruzar de punta a punta, sola, la carpa donde estaban nada más que para mostrarle al anfitrión lo guapa que era su concejala. A partir de ahí empezó un proceso de “cosificación”, poco a poco se convirtió en un objeto que sólo valía para ser mostrado o usado al antojo del alcalde.

Durante todo este tiempo, Nevenka sólo saca fuerzas una vez, una, para rebelarse contra ese machismo subliminal que se empeñaba en justificar lo que la estaba pasando. Pero es suficiente para que un servidor la adore.

Ahora, después de haber dejado de ser una de “ellos”, recuerda la rabia sorda, el malestar oculto, que ese tipo de situaciones le habían provocado siempre y la dificultad que tenía para defenderse de ellas. Quizás por eso recuerda con cierto orgullo el día en el que los Reyes visitaron Ponferrada. Cuando el Rey se acerco a saludarla, exclamó:

–          ¡Qué guapa eres!

–          También soy inteligente, majestad – respondió Nevenka, incapaz ya de contenerse ante este tipo de actitudes.


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2 comentarios to “Hay algo que no es como me dicen”

  1. Marisol Says:

    Lo leí hace tiempo, me dejó un regusto amargo, unas ganas tremendas de que algo así no sucediera más. Millás es un hacha haciéndonos ver la cruda realidad.

  2. La portada de la semana (04-02-2015) | Aire Nuestro Says:

    […] https://marcosparadinas.com/2010/03/18/hay-algo-que-no-es-como-me-dicen/ […]

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