Trabajadoras

Working woman

Working woman

Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa, y repitan después de mí: no tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cleónica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Cleónica: Aunque venga a mí en condiciones lamentables. (¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa.
Cleónica: Permaneceré intocable en mi casa.
Lisístrata: Con mi más sutil seda azafranada.
Cleónica: Con mi más sutil seda azafranada.
Lisístrata: Y haré que me desee.
Cleónica: Y haré que me desee.
Lisístrata: No me entregaré.
Cleónica: No me entregaré.
Lisístrata: Y si él me obliga.
Cleónica: Y si él me obliga.
Lisístrata: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
Cleónica: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
(…) Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrina: Todas.

Este es el juramento que Lisístrata, protagonista de la obra homónima de Aristófanes, hacía repetir a las mujeres de Atenas y Esparta. Así se comprometían a no practicar sexo con sus maridos hasta que estos se dignaran a dejar las armas y no guerrear más entre ellos.

Con el paso del tiempo, las mujeres han conseguido acumular nuevos poderes que van más allá de usar lo que hay entre sus piernas. Por ejemplo, su fuerza de trabajo. Así, hace 100 años, nació la idea de dedicar un día a las mujeres para reivindicar igualdades laborales y derecho al voto. La iniciativa partió de una dirigente comunista y fue impulsada por la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas.

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

También hace un siglo, el 8 de marzo de 1910, se publicaba en España la Real Orden que autorizaba a las mujeres a acceder a la Universidad.

Ojalá no existiera un día para ellas. Cuando se crean, es que algo falla. Si existen, alguna desigualdad queda. Como que una mujer necesite trabajar hasta el día 22 de febrero del año siguiente para cobrar lo mismo que yo gané currando sólo hasta el día 31 de diciembre.

Por la mañana, por la noche, de madrugada. Miles de mujeres caminan silenciosas. Llenan los autobuses, vagones de metro, mueven sus coches. Trabajan de 5 de la madrugada a 4 de la mañana. Muchas veces por una miseria.

Otras cuantas ni siquiera pueden ya trabajar. Ocho han muerto este año, manchando con su sangre las manos de unos hombres que una vez les dijeron que las querían. Y ellas lo creyeron. La gran mayoría de ellas, todas las que se merecen un día por lo que sufren cada jornada, suelen ser invisibles.

Mientras, hay otras a las que sí vemos. Son las que se desnudan, las que gritan, las que son imprevisibles como una bomba a punto de explotar. Las que cuando se enfadan, responden enseñando las tetas y el culo. Las que se dejan prostituir moralmente por Telecinco, por la web de La Sexta. Contenedores de basura que atontan a su público, entre el que hay mujeres que no sólo no apagan la televisión, sino que son incapaces de sentir arcadas ante tanta agresión contra ellas.

La solución para que se acaben los 8 de marzo es sencilla. Basta con que nosotros las queramos como ellas se merecen. De verdad. Sin paternalismos. Sin compasión. En igualdad. Y, sobre todo, que ellas no se dejen engañar por nosotros y se quieran a sí mismas.

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